28 de Abril de 2023

De la gestión en recursos humanos a la planificación estratégica

Tenía 17 años, acababa de ingresar a la Universidad de Lima para estudiar Administración, y decidió iniciar su vida laboral en el Grupo Wong. Luego, la vida profesional lo llevó a establecerse en cuatro países y a trabajar en proyectos en cinco continentes y en cuatro compañías internacionales. Hoy es gerente de Planificación Estratégica en Coca-Cola Andina, en Chile, después de haberse desarrollado en la gestión de personas por 20 años.  

Marcos Málaga siempre está en la búsqueda de al menos tres cosas importantes: qué aprender, cómo salir de su zona de confort y la tecnología más apropiada para aplicarla en su trabajo. En su tiempo libre, programa y desarrolla sus propias aplicaciones.

¿Podrías comentar por qué posiciones has pasado en Coca-Cola Andina antes de tu puesto actual? 
Empecé como gerente de Talento, Desarrollo Organizacional y Compensaciones y, desde hace tres años, soy gerente de Planificación Estratégica.

¿Qué significó para ti el cambio de área?
Fue un reto pasar a Planificación Estratégica después de 20 años en recursos humanos. Esta es una posición del core del negocio y un cambio de este tipo no es muy frecuente. Normalmente es al revés, son profesionales de Marketing, Operaciones y Finanzas quienes llegan a trabajar en Recursos Humanos. Hoy estoy enfocado en iniciativas para el crecimiento de la compañía y en el desarrollo de soluciones digitales, orientadas a clientes y consumidores, y en parte la formación que recibí en la Universidad de Lima fue clave en esa transición.

¿Por qué se dio este cambio que comentas?
Desde que era un niño quise trabajar en gestión de personas. Mi padre trabajó en recursos humanos toda su vida y, cuando entré a la Universidad de Lima tuve profesores que fueron una gran influencia para mí y confirmé que era esto lo que yo quería hacer profesionalmente. Una de las cosas que aprendí en estos años es que las personas de recursos humanos también tenían que ser personas de negocios. En mis primeros años en Coca-Cola Andina, además de hacer mi trabajo en desarrollo de personas, cultura y gestión de compensaciones, traté siempre de aportar al desarrollo de la estrategia. Mi jefe actual identificó que ese aporte podría potenciarse si trabajaba directamente en el área de Crecimiento, Estrategia y Transformación Digital, y así fue que –desde hace tres años– me ofrecieron esta posición.

¿Cómo te has sentido en este tiempo y qué logros has podido cumplir?
Desafiado y muy contento. Trabajo con profesionales extraordinarios, quizá los mejores en su especialidad, y he podido participar en proyectos importantes, como la incorporación de nuevas categorías a nuestra plataforma logística-comercial y el desarrollo de plataformas digitales. Uno de los proyectos más importantes para mí fue “Mi Barrio, Mi Almacén”, que implementamos en pandemia para llevar ayuda a los afectados a través de nuestros clientes del canal tradicional y con una solución digital. Nosotros tenemos 60 000 clientes en todo el país, la mayor parte de ellos están compuestos por pequeños y medianos almacenes o bodegas de barrio. El periodo de cuarentena fue muy duro para ellos, así que, con un equipo muy pequeño, desarrollamos rápidamente una aplicación para entregar bonos a más de 10 000 familias de las comunidades donde nosotros operamos, para que los canjeen por productos con nuestros clientes del canal tradicional, todo de forma digital y con un doble impacto social. Fue muy exitoso el programa, no solo porque favoreció a los almacenes, sino también porque encontramos una forma eficiente de ayudar en tiempos muy complejos.

¿Qué tareas cumples en tu día a día?
Hago una combinación de varias cosas. Cumplo muchas tareas de planificación con equipos dentro de la compañía y con comités de gerentes. Hay equipos enfocados en el largo plazo y otros con los que trabajamos en los proyectos de desarrollo y soluciones digitales de manera ágil. También tengo una cuota de trabajo individual cuando me dedico a pensar en soluciones que la compañía y nuestros clientes necesitarán más adelante.

Siempre se dice que Coca-Cola se vende sola. ¿Es así? 
Nuestro gran secreto es la disponibilidad universal, es lo que hacemos mejor. Tenemos marcas extraordinarias, pero hoy nuestros clientes y consumidores están expuestos a experiencias digitales de compra, lo que hace más desafiante y entretenida a la industria. Cuando yo era chico, había dos o tres productos de cada categoría para elegir. Ahora, hay góndolas enteras llenas de alternativas. Cuando entré a Coca-Cola Andina, hace siete años, la empresa tenía una oferta de 250 productos, con diferentes envases, formatos y marcas. Hoy tenemos más de 1000, el 60 % de esos productos son del portafolio de Coca-Cola Company y el resto son productos de socios que se han incorporado a nuestra plataforma logística-comercial. Como Sistema Coca-Cola, hoy somos la compañía de consumo masivo más grande de Chile y, además, tenemos operaciones en Argentina, Paraguay y Brasil.

¿Cuáles fueron tus experiencias de trabajo los 20 años previos?
Del 2001 al 2019 estuve en recursos humanos. Empecé a trabajar muy joven, en el Grupo Wong, a los 17 años. Terminé mis estudios en la Universidad de Lima y, en el 2003, empecé a trabajar en el área de Recursos Humanos de British American Tobacco. En el 2006, me ofrecieron mi primera asignación internacional en Chile y, un año después, me mandaron a México. Al cabo de dos años, volví a Chile por siete meses para trabajar en un proyecto, me casé y viví en Buenos Aires, Argentina, del 2010 al 2012. Trabajé en British American Tobacco hasta el 2012, año en que me ofrecieron una oportunidad en BHP Billiton, en Chile. En ese momento, esa era la compañía minera más grande del mundo. Así que regresé a Chile para trabajar en proyectos de exploración greenfield en distintos países de América, siempre en el área de recursos humanos. En el 2015, entré a trabajar a Coca-Cola Andina, que es una de las embotelladoras más grandes de Coca-Cola en el mundo.
 
¿Qué hacías en BHP Billiton?
Los primeros tres años trabajé en la división de Greenfield Exploration, que buscaba nuevos yacimientos de cobre en distintas partes del mundo. Después estuve en Minera Escondida, operación de BHP en Antofagasta. Escondida es una de las minas de cobre más grandes del mundo, con cerca de 10 000 colaboradores. Fue una excelente experiencia, porque todo es muy distinto a lo que uno puede pensar. Estar ahí, vivir en el campamento, compartir todo el día con tu equipo y respirar el ambiente de la mina es algo muy singular. No solo era una gran responsabilidad por los miles de trabajadores que operaban la mina, sino que además el impacto de la empresa en la economía del país era muy grande. Solo esta operación representa alrededor de un 3 % del PBI de Chile.

¿Qué destacarías de tu experiencia laboral en diferentes países?
Antes de graduarme de la Universidad, siempre pensé que mi carrera iba a empezar y terminar en el Perú. No entendía la magnitud de las posibilidades que te puede dar una empresa internacional. Sin embargo, después de vivir en cuatro países, haber trabajado en proyectos en cinco continentes, para cuatro compañías internacionales, con diferentes funciones y envergaduras, puedo decir que esta ha sido la mayor experiencia profesional que le podría haber pedido a la vida. Incluso mi familia es multinacional. Mi esposa y mi hija mayor son chilenas, mi hijo es argentino y yo soy peruano. 

¿Cómo pasas tus tiempos libres?
Invierto gran parte de mi tiempo en aprender cosas nuevas y trato de empujarme a mí mismo para emprender cosas que parecen fuera de mi zona de confort. He estudiado posgrados y diplomados en business intelligence, matemáticas y analytics, y en desarrollo de software, he invertido tiempo en aprender y entender distintos idiomas, como japonés, portugués e inglés, lo que me ha permitido trabajar en proyectos en Estados Unidos, Inglaterra y Australia. Por otro lado, me gusta la ciencia ficción y tengo como pasatiempo programar y desarrollar mis propias aplicaciones.

¿Te gusta mucho el mundo de la tecnología?
Sí, me encanta. Me gusta entender cómo funcionan los sistemas. Ese fue un gran diferencial en mi carrera. En algún momento, cuando estudiaba en la Universidad y trabajaba al mismo tiempo, entendí que la tecnología iba a tener un gran impacto en la forma de gestionar las áreas de recursos humanos en las compañías grandes. Por eso, el primer posgrado que hice fue en Dirección Estratégica de Sistemas, en la Universidad de Lima. 

Mientras trabajabas en recursos humanos, ¿aplicaste esos temas de tecnología que estudiaste?
Sí. He aplicado nuevas formas de procesamiento de datos, analítica avanzada y visualización de información para hacer una mejor planificación y gestión del talento. En estos años he aprendido que, aunque no necesitas ser un experto en tecnología para ser un buen gerente de recursos humanos, sí es necesario conocer todo tu potencial y aprovecharlo para generar más valor. 

Y actualmente estás mucho más enfocado en tecnología.
Muchísimo más. Mirando hacia adelante, veo mucho potencial en la inteligencia artificial. Creo que va a potenciar nuestro trabajo, nos va a dar espacio y herramientas para desarrollar mejores experiencias y soluciones para las necesidades y los problemas de nuestros consumidores, clientes y trabajadores. No va a reemplazarnos del todo, pero va a cambiar la forma en que trabajamos, así como nuestras capacidades y competencias. 

Por último, ¿cómo fue tu experiencia en la Universidad de Lima?
Tuve cinco años extraordinarios de mucho aprendizaje. Yo separo mi formación universitaria en dos: hay una parte de formación académica, que fue fundamental en mi primera etapa profesional y creo que es algo que te diferencia de otros profesionales; pero a medida que uno asume más responsabilidades y posiciones de liderazgo, entiende que la Universidad también tuvo un gran impacto en otras áreas, como en la forma de enfrentar problemas y, en mi caso, en una visión del mundo basada en la libertad. La Universidad de Lima es tan importante para mí que, cada vez que viajo a Perú y paso por el Óvalo Monitor, le señalo a mi familia con orgullo donde está mi alma mater. La han visto muchas veces, pero no puedo evitarlo.