Universidad de Lima

12 of June of 2012

Abstracción(EN)

COYUNTURA ABSTRACTA(EN)

El inicio del siglo XX fue vivido como un tiempo de revolución.
Tal vez como una respuesta revolucionaria a la revolución ya vivida. Una vez que los ánimos se calmaron, y el clamor de las calles se atenuó, quedo tiempo para el pensamiento y para la reflexión. Los escritos de Weber sobre la ética del capitalismo ya se habían desbordado, llegando al punto de su famosa “jaula de hierro”, degenerando a la sociedad burguesa (López Soria, 2005).
Esta sociedad burguesa que ya dominaba el poder, pensaba defenderlo desde todos sus flancos, y uno de ellos, era el arte. Este arte lo que pretendía hacer, era generar una realidad ilusoria, mediante un figuratismo idealizado de una sociedad que se empezaba a dar cuenta que las cosas no eran tan claras como creían. La primavera ya se estaba convirtiendo en otoño. Ante esta decadencia del arte como forma de expresión de cultura, los artistas de inicios del siglo XX toman una postura de reclamo. Algunos, mediante los métodos de evasión, como Gauguin o Rimbaud, y otros, mediante procesos de cuestionamiento hacia el arte que se venía realizando hasta el momento. La esencia de este ensayo parte de comprender la abstracción en la historia del arte, y como esto ha repercutido en la arquitectura moderna y en la arquitectura contemporánea.
Separar mentalmente lo que en realidad es indivisible, desglosar un todo unitario en sus componentes básicos, dejar solamente lo esencial, es decir, solamente con lo que el arte sigue siendo arte y nada más que arte, eso es la abstracción.

LA ABSTRACCION EN EL ARTE

Empezar a hablar de abstracción en el arte, es sinónimo de un autor, Wilhem Worringer. En su libro Abstracción y naturaleza , Worringer nos explica lo que sucede con la relación entre la obra de arte y el ser humano. Por un lado tenemos el arte como proyección sentimental, es decir, como una reacción que genera el objeto en la persona. El arte “no parte ya de sus investigaciones de las formas del objeto estético, sino del comportamiento del sujeto que lo observa” (Worringer, 1966). En esta medida, ya no se concibe el arte como una pieza de belleza natural, sino que su importancia radica en las reacciones y actitudes que logre generar en el espectador. Estas reacciones evidentemente tienen su raíz en la condición humana, y variaran según la sensibilidad artística de cada persona. Esto nos lleva a pensar en una forma de arte orgánica, en movimiento y en constante relación con las reacciones humanas.
Por otro lado, lo abstracto se refiere al hecho de despojar al objeto de sus cualidades orgánicas. Worringer explica, que este afán de abstracción nace a partir de la racionalidad del hombre y de su desligue de los miedos que cargaba desde los orígenes de la humanidad respecto a la naturaleza. El hombre que logra entrar en un estado de calma frente a lo que lo rodea, puede atrapar los objetos circundantes, analizarlos de forma racional para poder entender su esencia, ya lejos de misticismos o de ideales implantados por el desconocimiento. Ahora, el hombre lo que quiere y puede hacer con el arte, es usarlo como un medio para lograr comprender el objeto aproximándolo a su valor absoluto, “eternizarlo acercándolo a las formas abstractas y encontrar de esta manera un punto de reposo en la fuga de los fenómenos” (Worringer, 1966).

Helio Piñón al hacer una aproximación al arte abstracto, también se refiere a Worringer haciendo una clara diferencia entre la condición de la proyección sentimental y la abstracción:

“Worringer enfrenta, en efecto, dos modos típicos de relacionarse con la obra de arte: la Einfühlung, la proyección sentimental -o empatía, si se quiere- que encuentra belleza en lo orgánico y parte de la sensibilidad del hombre, y la abstracción, que valora lo inorgánico, lo sometido a ley y a la necesidad abstractas, esenciales, tendentes a fundarse en valores universales.”

“…en consecuencia, las formas abstractas sujetas a ley son las únicas en que el hombre puede descansar ante el caos del universo. La voluntad de enajenación del sujeto que se observaba en la Einfühlung -al proyectarse en el objeto- es más intensa en la abstracción: en este caso, no se trata de despojarse de la individualidad proyectándola sobre el objeto, sino de redimirse de la contingencia de lo humano, de la arbitrariedad de la existencia.” (Piñón, 2000)

De esta forma iniciamos una nueva manera de comprender el arte y de aproximarnos a él, libres de los miedos y opresiones de la naturaleza desconocida, y con un lienzo en blanco dispuesto a ser ultrajado por la experimentación de lo inorgánico, una nueva aventura para el arte del siglo XX.
Los representantes en el arte más icónicos en estos niveles de abstracción lo podemos encontrar en sus precursores: Kandisnky, Mondrián y Malevic, que despojados de relaciones directas a la naturaleza, se ven envueltos en un mundo abstracto en busca de ser representado, por lo que los temas de movimiento, geometría, orden y espacio se ven como temas recurrentes en su trabajo.

La pintura abstracta con sus diversas búsquedas, da origen a una nueva concepción del arte moderno. Estas búsquedas particulares se podrían desglosar en muchos campos –pintura abstracta geométrica, post pictórica, lirica, perceptiva, etc.- pero siempre con el mismo camino de búsqueda hacia una realidad oculta o sustraída de la realidad física. Estos pintores generan un detonante en lo que vendría después como vanguardias artísticas, viendo los temas que planteaban estos precursores en los futuristas y su búsqueda de la representación del movimiento en un contexto estático, en los cubistas y su idea de representar la idea de una realidad y no la realidad en sí misma, de los expresionistas y su búsqueda por “derretir” la realidad, de los surrealistas en su afán por representar los sueños, etc.

En estos momentos, estamos ante el nacimiento de un nuevo conocimiento, haciendo las primeras exploraciones sobre un mundo que se está gestando, para dar paso a todo lo que conocemos en la actualidad.

LA ABSTRACCION EN LA ARQUITECTURA

Para poder hablar de una arquitectura de la abstracción, es inevitable referirnos a Theo van Doersburg y su manifiesto neoplasticista, escrito en el que enuncia los estandartes de una arquitectura racional, despojada de ornamentos y cargada de sensualidad espacial. En esta arquitectura, nada es más importante que el espacio, el vacío, la materia y el tiempo. La arquitectura de la abstracción, según van Doersburg es clara en su función, no entra en rutas extrañas sino más bien da paso libre a lo sencillo, y es en esta sencillez donde radica su belleza.

Carles Martí en un artículo sobre abstracción en arquitectura, nos explica las condiciones que a su juicio son indispensables para poder entender a la obra de arquitectura como una obra de arte.

“Por tanto, la arquitectura será tanto más abstracta cuanto más desligada aparezca de todas las dimensiones contingentes que la rodean (tales como su utilidad práctica inmediata, los medios empleados para construirla o los significados sociales, políticos o religiosos que temporalmente se le atribuyen), las cuales si bien pueden ser indispensables para su constitución material terminan, sin embargo, siendo irrelevantes cuando de lo que se trata es de hacer un juicio de valor sobre las cualidades artísticas de la obra.” (Martí, 2000)

De aquí, podemos inferir que la obra de arquitectura empieza a tomar un lugar importante en el arte del siglo XX, logrando dialogar de manera fluida con las tendencias artísticas que se dan en el expresionismo y en la abstracción. Si antes se consideraba que la obra arquitectónica se valoraba por su técnica, por su elaboración en los detalles y su capacidad de transmitir directamente valores preconcebidos, estamos a puertas de una arquitectura que no revela, sino mas bien que esconde, que no dice pero si sugiere, que mas que discurso, se convierte en poesía.

Evidentemente hablamos de Le Corbusier, de Mies van der Rohe, y de Walter Gropius, para mencionar a algunos de los maestros de la arquitectura moderna. Si bien se puede entrar en contradicción cuando analizamos a Le Corbusier, ya que el enamoramiento que este sentía por las máquinas lo llevaban muchas veces a representar sus formas en sus obras –podríamos ver la iglesia de Ronchamp y su parecido con un buque- podemos considerar que su obra es abstracta en la medida que se desliga del ornamento para dejar la expresión al material y a la técnica, y que desde este sentido la obra arquitectónica pueda tener una connotación artística. Mies van der Rohe hace lo propio con sus cajas transparentes que flotan en la naturaleza, como la casa Farnsworth, o el racionalismo extremo de Gropius en la Bauhaus y en la casa Gropius.

Empezando esta herencia de abstracción moderna, desligada de formas preconcebidas, surge Louis Kahn, del que menciono la obra del Instituto Salk, en California, donde el vacío es más importante que la arquitectura en sí misma, dejando que el agua fluya y se pierda en el horizonte. La abstracción como imagen poética de un lugar imaginado por el arquitecto, y que sugiere más de lo que dice.

Pasando esta etapa, y entrando en la década de 1970 nos encontramos con un panorama postmoderno, que lejos de referirse a los maestros modernos en términos de abstracción geométrica, nos introducen en una actitud más bien acogedora por atribuirle un adjetivo positivo, que nos aleja un poco del desprendimiento de la forma como medio de expresión y nos remite a un collage de lenguajes arquitectónicos. Sin embargo, la arquitectura contemporánea, con algunos exponentes referenciales, nos devuelve la idea de la abstracción en la arquitectura.

Podríamos decir, que los herederos de esta tradición moderna de la abstracción, se encuentra en la arquitectura contemporánea japonesa, donde mencionamos la obra de Kasuyo Sejima y Ryue Nishizawa para su instalación en Londres con el Serpentine Pavillion del año 2009. En esta obra, los autores asumen el carácter temporal de la edificación , generando una estructura que mediante su materialidad se desvanece en el paisaje, reflejando todo lo que se encuentra a su alrededor. El carácter abstracto de esta obra, nos sugiere que la arquitectura, siendo un fin perdurable, puede desaparecer del paisaje, convirtiéndose en algo efímero, no solo por su desinstalación, sino por su presencia misma.

Otra tendencia de la arquitectura abstracta contemporánea, la podemos encontrar en la escuela portuguesa, encabezada por Álvaro Siza y sus proyectos iniciales. Eduardo Souto de Moura, también es un constructor de abstracción, con la utilización del material expuesto y la ingravidez del tiempo en sus obras. Podríamos mencionar también a la joven ofician de arquitectura Aires Mateus, que se convierten en un referente actual de la arquitectura abstracta. En su casa en Leira del 2010, podemos ver como lo figurativo de la geometría logra sugerir una abstracción en cuanto a la idea de la casa como icono contemporáneo, dando paso a la racionalidad y sencillez de los materiales, al manejo del vacío y la luz, pero además del paisaje.

En estos momentos, estamos bajo el umbral de la abstracción contemporánea, donde mediante un proceso de aprendizaje de casi 100 años, podemos seguir rescatando la esencia misma de la arquitectura y su posicionamiento como objeto artístico habitable.

Arq° Octavio Montestruque Bisso

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