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05 de Febrero de 2013

Industria pesquera y medio ambiente en el Perú

Con la exposición de Fernando Kleeberg Hidalgo, ingeniero pesquero y profesor de la Facultad de Ingeniería Industrial de la Universidad de Lima, se llevó a cabo la primera Charla Verde del año 2013 organizada por el Centro de Estudios Ambientales (CEA), ante la mirada atenta de los alumnos que concurrieron al Aula Magna A. El tema disertado fue “La industria pesquera y el medio ambiente en el Perú”.

El especialista comentó que el mar del Perú, rico en recursos ictiológicos, está expuesto a la contaminación debido a factores como los desechos domésticos, las descargas industriales o la generación de emisiones a la atmósfera a través de prácticas productivas, los que ocasionan el deterioro de la franja costera y las ciudades aledañas, el envenenamiento del aire y las aguas, la destrucción del plancton, entre otras consecuencias nocivas que afectan la calidad de vida de la flora y la fauna.

Asimismo, el expositor destacó que la pesca ilegal en el Perú genera un impacto económico superior a los US$ 360 millones anuales, a los que hay que sumar unos US$ 70 millones adicionales por defraudación a la Sunat, al Ministerio de la Producción y a la Caja de Beneficios y Seguridad del Pescador. Al respecto, agregó que el Programa de Vigilancia y Control de la Pesca —que requiere una inversión de unos US$ 6,5 millones anuales— es el encargado de fiscalizar esta actividad ilegal a través del esfuerzo y la disponibilidad de cerca de 600 inspectores pesqueros.

Por ello, ante este panorama, el ingeniero hizo énfasis en que las prácticas industriales del sector pesquero deben ser responsables, pues de lo contrario estas se vuelven inviables. Además, añadió que las leyes peruanas establecen una serie de dispositivos que abogan por la protección del medio ambiente, los cuales deben ser considerados a conciencia por los futuros ingenieros que incursionarán en este sector.

Por otra parte, Kleeberg señaló que la pesquería y la acuicultura pueden desarrollarse de manera sostenible bajo criterios apropiados que alienten la mitigación de los posibles efectos negativos ocasionados por estas actividades en el medio ambiente. Solo así los recursos ictiológicos del Perú serán debidamente preservados, lo que a la larga beneficiará a todos los habitantes.