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Este
texto reflexiona acerca de las contribuciones de las radios
comunitarias al desarrollo social, que se aplican también a
los demás medios comunitarios de comunicación. La opción de
centrar el discurso en la radio tiene como finalidad hacerlo
más concreto y comprensible. La asociación de las propuestas a
otros medios es de fácil procesamiento para el lector.
Radio y
ciudadanía
De
inicio conviene resaltar que no nos estamos refiriendo a
cualquier emisora radial que se presente como comunitaria,
sino específicamente a un tipo de emisora que realmente pueda
ser identificada como tal. La radio comunitaria que hace
justicia a este nombre es fácilmente reconocida por el trabajo
que desarrolla. O sea, transmite una programación de interés
social vinculada a la realidad local, no tiene fines
lucrativos, contribuye a ampliar la ciudadanía, a democratizar
la información, a mejorar la educación informal y el nivel
cultural de los receptores sobre temas directamente
relacionados con sus vidas.
La
emisora radiofónica comunitaria permite también la
participación activa y autónoma de las personas residentes en
la localidad y de representantes de movimientos sociales y de
otras formas de organización colectiva en la programación, en
los procesos de creación, en el planeamiento y en la gestión
de la emisora. Por último, se basa en principios de la
comunicación liberadora que tiene como norte la ampliación de
la ciudadanía. Ella inculca, perfecciona y recrea el
conocimiento generado por la comunicación popular, comunitaria
y alternativa en el contexto de los movimientos sociales en
América Latina desde las últimas décadas del siglo XX.
Pero
la flexibilidad en la clasificación de las radios comunitarias
es recomendable; como dice Tomás de Aquino, “la vida desborda
el concepto”. Hay casos históricos en que, aun faltando uno u
otro de los aspectos en una radio, consigue prestar buenos
servicios a la comunidad donde se inserta. Hay radios que
facilitan más el acceso en su programación. Otras, aunque sean
conducidas por personas comprometidas con la mejoría de la
“comunidad”, no tienen tradición de facilitar una amplia
participación de representantes de organizaciones locales en
la gestión. Hay también emisoras de carácter religioso o
ligadas a universidades que se revelan como comunitarias en
sus principios y prácticas cotidianas. Hay programas de
contenido comunitario dentro de emisoras comerciales que se
valen de la participación autónoma de ciudadanos y de
organizaciones locales. En razón de esta diversidad, hay que
tener cuidado en la clasificación. Es oportuno anotar, por
otro lado, que no es necesario que una única experiencia
comporte al mismo tiempo todas las dimensiones apuntadas, pues
hacer comunicación comunitaria implica un proceso que tiende
al perfeccionamiento progresivo, sobre todo, cuando es asumido
colectivamente. |