Tampoco
se debe olvidar que los oficiales y suboficiales chilenos, antes
de partir de sus ciudades natales como Talca, Concepción,
Valparaíso, Santiago, Copiapó, entre otras, se fotografiaban
en uniforme militar para dejar el respectivo recuerdo a sus madres,
esposas, hermanas, hermanos, amigas o novias. No obstante, estas
fueron imágenes tomadas por los fotógrafos que residían
en aquellos lugares.
También fue costumbre que, conforme avanzaban las operaciones
militares, tanto los oficiales como las tropas se retrataban con
motivos de ascensos y condecoraciones. Por otro lado, recordemos
que para 1879 se tenía claro el uso que dio Fenton a la fotografía
en la Guerra de Crimea y que lo mismo hizo Gardner en la Guerra
de Secesión norteamericana. Además, hay que señalar
que el enfrentamiento de Chile contra Perú y Bolivia no fue
el primer conflicto fotografiado en Sudamérica: en 1866 la
compañía Bate, de Montevideo, registró la etapa
más sangrienta de la guerra del Paraguay (16).
Y, de la misma manera, Courret registró las defensas y baterías
peruanas durante el asedio español al Callao que culminarían
en el combate del 2 de mayo de 1866 (17).
¿A qué viene esta síntesis de la fotografía
de guerra? A explicar que en el siglo XIX se entendía que
el fotógrafo era un comerciante que trabajaba para el ejército
al que acompañaba y que su obligación era producir
las imágenes que más le convenían a su cliente.
La idea de la supuesta objetividad periodística es un tema
que recién se empezaría debatir muy entrado el siglo
XX.
Al parecer solo Spencer asistió a los frentes de batalla,
por lo que recibió una condecoración otorgada por
el gobierno de Chile. En 1884 la sociedad se disolvió pero
Spencer continuó haciendo trabajos para el Estado chileno.
De aquella época son sus imágenes de los inválidos
de la guerra: estas fueron tomadas para tramitar inutilidades y
pensiones ante la Comisión de Sanidad del ejército
chileno, donde se confeccionó un álbum en el que,
al lado de cada foto aparecía el nombre, antecedentes, tipo
de amputación y lugar, entre otros datos. Algunas de estas
fotografías fueron tomadas de acuerdo con el tipo de ornamentos
que se observan en las fotos en el estudio de Spencer y otras en
el de Garreaud, en Santiago, posiblemente a partir de 1885, ya que
algunos veteranos lucen medallas otorgadas en 1884.
Spencer se convirtió en fotógrafo
oficial de la Presidencia de Chile, retratando al presidente Errazuriz
Echaurren y a sus ministros, y acompañándolos en giras
dentro de aquel país.
Imágenes de la ocupación (1881 - 1884)
De acuerdo con el coronel chileno Pedro Hormazábal, durante
la ocupación de Lima (1881 a 1883) las tropas chilenas se
retrataron en el estudio de Rafael Castillo y en el de los hermanos
Courret. En el Callao algunas tropas lo hicieron en el estudio Maison
y Cía (18),
y en Tacna en la Casa Rodrigo, el más importante de aquella
ciudad, con sucursales en Arica e Iquique.
Para Hormazábal el establecimiento más importante
de aquella época fue el de Courret. Desde los primeros días
de la toma de Lima hasta 1884 (19)
se fotografiaron allí cerca de 300 oficiales y 100 soldados
chilenos. ¿Por qué Courret pudo fotografiar sin ser
molestado durante aquel periodo? Si bien es cierto que se trataba
de un fotógrafo de gran prestigio en el Perú, Eugenio
Courret era un ciudadano europeo y, por lo tanto, neutral, que también
tuvo una sucursal en Valparaíso, donde su trabajo se hizo
conocido. Las importantes relaciones económicas que habría
podido llevar a cabo en el principal puerto de Chile podrían
ser una razón adicional que explique por qué no tuvo
inconvenientes con las tropas chilenas en Lima (20).
Ampliemos un poco más la historia del estudio Courret en
Chile. En agosto de 1868, los hermanos Courret y el también
fotógrafo Carlos Luis Rowsell se declararon vecinos en Valparaíso,
formando una sociedad para sacar retratos fotográficos por
un plazo de tres años. En 1869, Aquiles Courret contrajo
un préstamo de nueve mil pesos por dos años con Agustín
Edwards, en Valparaíso, para continuar con su giro. Dio en
hipoteca su casa en el puerto. Continuó en Valparaíso
un año después (21).
Pero, al parecer, el negocio no prosperó como esperaban los
hermanos Courret, ya que para 1871 su tienda ubicada en la calle
Cruz de Reyes de Valparaíso
era conocida exclusivamente como la Fotografía de Roswell
(22).
En Tacna destacó el retratista
Carlos Rodrigo, propietario de la Casa Rodrigo, quien con su taller
matriz en Tacna y sucursales en Arica y Antofagasta, logró
captar en imágenes a los principales jefes del Ejército
peruano-boliviano y luego, a partir de mayo de 1880 (23),
a muchos soldados chilenos.
Respecto a la historia de la Casa Fotográfica Rodrigo se
puede citar a Hugo Rodolfo Martinez, quien transcribió el
relato de Armando Holley, hijo del general chileno Luis Adolfo Holley,
veterano de la Guerra del Pacífico, en cartas enviadas desde
Tacna en 1912 al historiador militar Nicanor Molinaire:
“La fotografía de que he hablado data de sesenta años
atrás y en cuanto ya no se trabaja en ella por haber muerto
su dueño la viuda vende las reproducciones, de lo que tiene,
a quien las solicita… Como lo dije en mi anterior, hay planchas
de casi todos los militares chilenos, peruanos y bolivianos que
actuaron en las campañas de Tacna y Arica; vistas curiosas
de esa y otras épocas, etc… hay planchas que se han
deteriorado con el tiempo y hay personajes cuyas planchas habría
que buscar para sacar reproducciones de ellas, pues no hay muestras
en papel… por el momento existen las de Camacho, Cáceres,
Valenzuela (chileno del 80), Morales Bermúdez, Justo Arias
Araguez (Arica), José María Pérez (boliviano,
general Daza, Teniente E. Stange, muerto en Pacía, chileno,
Gral. Daza y toda su escolta, Comandante José F. Vargas (Dragones),
Inclán, Murgía de los colorados, Coronel Amengual;
toda la oficialidad y jefes del Esmeralda; Daza; soldados chilenos,
peruanos y bolivianos; grupos de los Jefes de los buques españoles
que mandaban la guerra del 66; jefe del batallón Victoria
(peruano; Adolfo Ugarte (Arica); vistas curiosísimas de los
funerales del General Castilla en Arica; Com. Holley, Máximo
Lira, cantineras chilenas, etc”.
En una carta anterior, siempre citando
a Ramírez, se hace mención a un comentario que le
envía Holley a Molinaire sobre otro hallazgo:
“Rebuscando en el sinnúmero de curiosidades
que guarda esta fotografía, he encontrado el retrato del
actual Presidente de Argentina, Sr. Sáenz Peña, que
no he podido dejar de comprarlo, recordándolo a Ud. Por sus
obras, para enviárselo si le es de alguna utilidad para el
futuro… el hoy general peruano, está en traje de la
época usado por el ejército del Perú y creo
que muy pocos pueden contar con tan bello ejemplar histórico
(24).”
Un caso desafortunado es el de nuestro compatriota Juan de la Cruz
Palomino, quien llegó a tener una vasta producción
en Chile. Su establecimiento conocido como Fotografía Peruana
tuvo mucha aceptación en Concepción, habiendo numerosos
retratos suyos fechados en 1878. Sin embargo, la Guerra del Pacífico
lo afectó en su actividad profesional, ya que no se volvió
a encontrar obra suya posterior a 1880. Al pasar los años,
y conforme iban cerrando las heridas de la guerra, se le volvió
a citar como fotógrafo establecido en la ciudad de Talca,
en la Guía Jeneral de Chile por Aníbal Labarca
en 1898 y en el Anuario Prado Martínez de 1903 (25).
Imágenes y memoria
En los diarios de algunos combatientes chilenos existen anotaciones
muy interesantes referentes al uso de la fotografía durante
la Guerra del Pacífico. Así, el doctor Guillermo Castro
Espinosa (26),
en su diario personal (27),
señala el viernes 17 de diciembre de 1880: “Dublé
A. saca una vista del convoy” (28).
Castro Espinosa y Dublé (29)
se encontraban embarcados en el transporte Amazonas y en
aquellos momentos navegaban junto a 22 barcos que transportaban
a los casi treinta mil hombres que atacarían la Ciudad de
los Reyes en enero de 1881. Posteriormente, ya durante la ocupación
de Lima, el 13 de junio de 1881 Espinosa acudió al estudio
Courret: “Me mandé sacar una docena de retratos donde
Courret” (30),
escribió.
Por su parte, y con muchos menos recursos
que un oficial cirujano, el soldado Abraham Quiroz envió
una carta a su padre el 26 de abril de 1881 solicitándole
cinco pesos: “Tengo que retratarme y mandarle mi retrato y
comprar otras cosas más” (31).
Lamentablemente Quiroz enfermó de terciana y el 13 de julio
de 1881 volvió a escribir a su padre desde Lima para agradecerle
por el dinero que había enviado, pero indicándole
que todavía no se sacaba el retrato por estar enfermo: “Ahora
ya estoy mejor y lo haré y se lo mandaré a usted”
(32)
. Finalmente, y ya en Huancayo, enfrentándose a las tropas
de Cáceres, le escribió a su padre expresándole
su alegría, al haberle llegado sus fotos (33).
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