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El Huascar en Valparaiso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Batalla de Arica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Muertos peruanos en San Juan

 

 

 

  Por: Renzo Babilonia Fernandez Baca (1)
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Imágenes de guerra (1879 - 1881)

En 1879 el ejército chileno autorizó a la sociedad conformada por los fotógrafos Carlos Díaz Escudero y Eduardo Clifford Spencer a viajar como agentes especiales a documentar la campaña militar chilena en Bolivia y Perú.

Al iniciarse la Guerra del Pacífico la fotografía era todavía un ritual costoso y solemne durante el cual los retratados debían permanecer inmóviles y, dependiendo de las condiciones de luz, posar algunas centésimas o incluso segundos para el lente del fotógrafo. Fue recién a partir de la Guerra Civil Española (1936 - 1939), con la imagen tomada por Robert Capa del miliciano republicano alcanzado por un disparo, que la fotografía de guerra llegó a captar lo que Henry Cartier Bresson llamó “el momento decisivo” (2).

Por ello, las fotografías tomadas por la sociedad Díaz y Spencer podrían ser clasificadas en base a una organización de las imágenes respecto a todo lo que sucede antes y después de un hecho histórico determinado. Pongamos como ejemplo un enfrentamiento armado. ¿A qué nos referimos? A que la fotografía no podía aún entrar al campo de batalla y documentar el drama que allí ocurría. Por lo tanto, debía limitarse a retratar a las tropas y a los principales jefes de los ejércitos en sus campamentos antes de partir al combate. Y, de la misma manera, una vez terminada la batalla, se fotografiaba a los sobrevivientes, prisioneros, muertos y ruinas de la ciudad o fortaleza que había sido vencida o saqueada.

Como ejemplo de ello, existe una imagen de la Primera División chilena avanzando para atacar el Morro Solar, en la que pueden intuirse las columnas de soldados trotando entre nubes de polvo. Sin embargo, es una fotografía que solo nos permite intuir el drama que está por ocurrir y que no se termina de mostrar. El fotógrafo del siglo XIX solo puede documentar las matanzas una vez que estas han concluido.

Ocurre lo mismo con las fotos que se conservan del ejército chileno antes y después de las batallas por Lima (3). En las imágenes anteriores a los enfrentamientos en San Juan y Miraflores se aprecia el desembarco de las tropas invasoras para atacar la capital peruana (4), fotos de regimientos en su campamento de Lurín (5), e incluso cómo se detienen en un puente para retratarse antes de atacar las posiciones defensivas de San Juan y el Morro Solar.

Los cruentos enfrentamientos, de los que daban cuenta los diarios de la época y los testimonios de los combatientes peruanos y chilenos, no podían ser fotografiados. Las cámaras todavía eran muy grandes, los equipos muy pesados y no había posibilidad de congelar la acción. Hacia 1881 el momento decisivo de cualquier acción militar correspondía al dibujo y a la pintura.

Por eso solamente pueden observarse imágenes de oficiales chilenos posando junto a muertos peruanos y material bélico capturado. El horror ha concluido y la fotografía solo registra lo que el vencedor, el que se ha quedado con el terreno al final del día, quiere mostrar. ¿Cómo se representa la victoria? Mostrando los muertos, la tecnología (cañones, trincheras y defensas) y las ciudades destruidas del enemigo: siempre retratadas y humilladas con las banderas del triunfador en sus principales edificios públicos. El vencedor, en cualquier guerra y en toda imagen que evoque una victoria, se coloca en un plano superior respecto al vencido y su uniforme se verá impecable cuando pose junto al armamento capturado o los muertos enemigos.

Otro aspecto analizable en las fotografías de Díaz y Spencer es que en cualquier imagen en la que destaque una bandera chilena la composición siempre girará en torno a ella: ya sea ubicada al centro de la imagen o en un plano superior respecto al de sus propias tropas. En esos casos aparecerán los militares chilenos en bloques no interesando el retrato individual sino la intención de dar una idea de cohesión, de disciplina, y una apariencia de unidad nacional. Gonzalo Leiva (6) se refiriere a las fotografías de Díaz y Spencer como “una galería de imágenes que constituyen la base del paradigma masculino en el imaginario nacional en momentos que la nación chilena configura su contenido cultural. En otras palabras, vemos a la fotografía como una tradición visual moderna que le entrega contenidos eficientes a la configuración del imaginario patrio y de la identidad propiamente chilena (7)”.

La importancia que se dio en Chile a la imagen durante la Guerra del Pacífico fue tal que entre las celebraciones oficiales decretadas por la toma de Lima se organizó una exposición fotográfica con las vistas tomadas por los agentes especiales:

Programa oficial en Santiago (8)

Santiago enero de 1881

En celebración de las espléndidas victorias obtenidas por el ejército de Chile, i de la entrada triunfal a la ciudad de Lima, la Intendencia autorizada por el Supremo Gobierno i de acuerdo con la Comandancia Jeneral de Armas, decretó las siguientes solemnidades que tuvieran lugar el jueves 20 a las horas que se indican a continuación:

A nosotros nos interesan las actividades del sábado 22 de enero de 1881:

NUEVO PROGRAMA

1. El sábado a las 8 P.M. se exhibirán desde la fotografía de los señores Díaz Spencer variadas e importantes vistas que representarán las acciones más gloriosas de la presente campaña, i a los jefes que más se hubieren distinguido en ella (9).

La fotografía chilena durante la Guerra del Pacífico fue una herramienta de propaganda que no necesariamente mostraba las acciones militares tal como se llevaron a cabo. Es común ver imágenes en las que los militares parecen actores de una obra cinematográfica: oficiales chilenos que parecen estar visitando los lugares donde se produjeron las batallas posan junto a los volados cañones de las defensas de Arica. De la misma manera, también se puede observar una imagen en la que prisioneros peruanos son obligados a tenderse en el suelo y fingir estar muertos, encontrándose rodeados de tropas chilenas que izan una bandera, notoriamente dibujada en la fotografía, y que intenta representar la toma del Morro de Arica del siete de junio de 1880. En estos casos el fotógrafo actúa como el director de una obra de gran envergadura. Tiene tanto poder como un general o un ministro de Guerra en campaña, y las tropas, que en algunas fotografías llegan a cientos de hombres, deben obedecer sus órdenes y no pueden moverse hasta que el retratista considere que su trabajo ha terminado.

Existen diversas opiniones sobre el trayecto que llevaron a cabo Díaz y Spencer para documentar la Guerra del Pacífico. Para el coronel chileno Pedro Hormazábal (10), concurrieron inicialmente a Valparaíso a fotografiar la llegada del buque chileno Covadonga después del combate de Iquique (11). Después documentaron la llegada del Huáscar a Valparaíso y su bautizo como nave de guerra chilena (12). Posteriormente visitaron el campamento militar chileno en Antofagasta y Caracoles, fotografiando las unidades y regimientos en dos tipos de vistas: una del cuerpo de oficiales y otra general de cada regimiento en formación de bloque de batallones con su banda de músicos a la cabeza y sus comandantes en primer plano. A partir de allí iniciaron el registro gráfico del avance chileno hasta llegar a Lima.

Con respecto a la autoría de las fotos atribuidas a Spencer, la historiadora chilena Alejandra Vega Palma (13) considera que más de un fotógrafo debió haber colaborado en la sociedad Díaz y Spencer por la simultaneidad temporal con que se llevaron a cabo algunos registros. De acuerdo con Vega las fotografías realizadas en Valparaíso durante 1879, mientras se desarrollaban otros episodios bélicos en Bolivia y Perú, le hacen pensar en la intervención de otro fotógrafo con asiento en las zonas de disputa por el salitre. En todo caso, concluye Vega, Díaz y Spencer aparecen como los comercializadores finales de todas esas vistas (14).

¿Era Spencer el único que gozaba del privilegio de acompañar a las tropas chilenas durante la guerra? Para Vega Palma todo indica que sí, aunque, como veremos en el caso del estudio Rodrigo (en Tacna), las casas fotográficas establecidas en las ciudades involucradas en la contienda, como Iquique, Tacna y Arica, continuaron operando (15) al evaluar las posibilidades comerciales de fotografiar a un ejército de ocupación interesado en conservar imágenes suyas en los territorios recién conquistados.

La sociedad Díaz y Spencer documentó inicialmente la guerra con las vistas de todos los buques que hicieron la campaña naval y después con las fotografías tomadas a los oficiales y unidades militares. Sus imágenes tenían dos destinos: el primero era servir como base para los dibujos, grabados y caricaturas de los diarios chilenos de la época, como El Mercurio de Valparaíso y El Nuevo Ferrocarril. El segundo destino era que las familias de cierta posición social tuvieran cómo seguir las acciones y batallas mediante álbumes de fotos de los mandos de batallones, unidades y regimientos.

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