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Por: María Teresa Quiroz* Página 3 de 3
 
 

Otro aspecto que ha cambiado es el de la especificidad de cada medio de comunicación. Durante mucho tiempo fue posible contraponer prensa escrita, radio y televisión. Ahora es cada vez más difícil hacer que compitan entre sí, porque los medios de comunicación hablan de sí mismos, repiten lo que dicen los otros medios de comunicación, lo dicen todo y, a la vez, dicen lo contrario. Constituyen cada vez una esfera de la información y un sistema único en el que es difícil hacer distinciones. Se podría decir también que esta situación se complica aún más a causa de la revolución tecnológica.

Hasta hace poco, en el mundo de la comunicación, disponíamos de tres sistemas de signos: el texto escrito, el sonido y la imagen. Cada uno de ellos ha dado lugar a un sistema tecnológico. La revolución numérica está haciendo converger de nuevo los sistemas de signos hacia un sistema único: texto, sonido e imagen pueden expresarse en forma de byte, son los llamados multimedia. El sistema de comunicaciones crea una red, un tejido que envuelve el conjunto del planeta, permitiendo el intercambio intensivo de información.

Dadas las condiciones industriales de la producción informativa, un periodista tiene cada vez mayor tendencia a convertirse en un simple vehículo, como canal que enlaza el suceso y su difusión. No tiene tiempo de filtrar ni de comparar, porque si dedicara mucho tiempo a hacerlo, sus colegas podrían ganarle la partida. Estamos en un sistema que poco a poco considera que hay valores importantes (instantaneidad, masificación) y valores menos importantes, es decir, menos rentables (los criterios de verdad). La información se ha convertido ante todo en una mercancía: ya no tiene una función cívica.

Por muy abundante que sea la información, lo que más interesa es que sea creíble y fiable y, por tanto, que contenga un mínimo de garantías relacionadas con la ética, la honestidad, la deontología y la moral de la información. La cuestión de la ética se sitúa ahora en el centro de la preocupación de los periodistas. En nombre de la industrialización de la información, su ámbito de actividad se ha reducido considerablemente y es evidente que se enfrentan, en la mayoría de casos, a un sistema tanto de jerarquía como de propiedad, que reclama una rentabilidad inmediata. Muchos periodistas acabarán limitándose a ser el canal que transfiere la comunicación emitida por tal o cual industria, tal o cual institución política, económica, cultural o social.

Los medios ya no pueden presentarse simplemente como un ojo que mira, pero que no se ve a sí mismo. La gente espera de los medios una autocrítica, que procedan a análisis más serios sobre su propio funcionamiento, aunque sea solo para que se conozca cómo trabajan y que no son reacios a la crítica. Los medios no existen sólo para juzgar a los demás, sino también para ser juzgados. Deben reconocer sus errores y no han de tener una posición privilegiada

En el mes de octubre del 2003, el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) promovió un debate entre periodistas acerca de la función de la prensa y sus limitaciones. Mirko Lauer, Enrique Zileri, Cecilia Valenzuela, Ricardo Uceda, Santiago Pedraglio y Gustavo Gorriti respondieron a la pregunta: “¿El periodismo se está pasando de la raya?”.  Con este tema abrieron un debate que se prolonga en la página web del instituto. Otro temas en discusión son el control de calidad sobre los productos periodísticos; la influencia de los regímenes autoritarios o democráticos y de las condiciones políticas sobre el trabajo periodístico; las fuentes de información y su calidad, y la información de interés público.

Hasta aquí algunos avances de la investigación en marcha.


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