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Otro aspecto que ha cambiado es
el de la especificidad de cada medio de comunicación.
Durante mucho tiempo fue posible contraponer prensa escrita,
radio y televisión. Ahora es cada vez más difícil hacer que compitan
entre sí, porque los medios de comunicación
hablan de sí mismos, repiten lo que dicen los
otros medios de comunicación, lo dicen todo y,
a la vez, dicen lo contrario. Constituyen
cada vez una esfera de la información y un sistema
único en el que es difícil hacer distinciones.
Se podría decir también que esta
situación se complica aún más a causa de la revolución
tecnológica.
Hasta hace poco, en el mundo de
la comunicación, disponíamos de tres sistemas
de signos: el texto escrito, el sonido y
la imagen. Cada uno de ellos ha dado lugar a un sistema
tecnológico. La revolución numérica
está haciendo converger de nuevo los sistemas
de signos hacia un sistema único: texto, sonido
e imagen pueden expresarse en forma de byte,
son los llamados multimedia. El sistema de comunicaciones
crea una red, un tejido que envuelve el conjunto del
planeta, permitiendo el intercambio intensivo de información.
Dadas las condiciones industriales
de la producción informativa, un periodista tiene
cada vez mayor tendencia a convertirse en un simple
vehículo, como canal que enlaza el suceso y su
difusión. No tiene tiempo de filtrar ni de comparar,
porque si dedicara mucho tiempo a hacerlo, sus
colegas podrían ganarle la partida. Estamos en un
sistema que poco a poco considera que hay valores importantes
(instantaneidad, masificación) y valores menos
importantes, es decir, menos rentables (los criterios
de verdad). La información se ha convertido ante
todo en una mercancía: ya no tiene una función
cívica.
Por muy abundante que sea la
información, lo que más interesa es que
sea creíble y fiable y, por tanto, que contenga
un mínimo de garantías relacionadas con
la ética, la honestidad, la deontología
y la moral de la información. La cuestión
de la ética se sitúa ahora en el centro
de la preocupación de los periodistas. En nombre
de la industrialización de la información,
su ámbito de actividad se ha
reducido considerablemente y es evidente que se enfrentan,
en la mayoría de casos, a un sistema tanto de
jerarquía como de propiedad, que reclama una
rentabilidad inmediata. Muchos periodistas acabarán
limitándose a ser el canal que transfiere la
comunicación emitida por tal o cual industria,
tal o cual institución política, económica,
cultural o social.
Los medios ya no pueden presentarse
simplemente como un ojo que mira, pero que no se ve a
sí mismo.
La gente espera de los medios una autocrítica,
que procedan a análisis más
serios sobre su propio funcionamiento, aunque sea solo
para que se conozca cómo trabajan
y que no son reacios a la crítica. Los medios no
existen sólo para juzgar a los demás, sino
también para
ser juzgados. Deben reconocer sus errores y no han de
tener una posición privilegiada
En el mes de octubre del 2003,
el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) promovió un
debate entre periodistas acerca de la
función de la prensa y sus limitaciones. Mirko Lauer,
Enrique Zileri, Cecilia Valenzuela, Ricardo Uceda, Santiago
Pedraglio y Gustavo Gorriti respondieron a la
pregunta: “¿El periodismo se está pasando de la
raya?”. Con este tema abrieron un debate que se
prolonga en la página web del instituto. Otro temas en
discusión son el control de calidad sobre
los productos periodísticos; la influencia de
los regímenes autoritarios o democráticos y de las
condiciones políticas sobre el trabajo periodístico; las fuentes de información
y su calidad, y la información
de interés público.
Hasta aquí algunos
avances de la investigación en marcha.
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