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Es por ello que muchos estudiosos
piensan que los diarios están llamados a cumplir
un nuevo papel en el complicado escenario mundial, agregándole
a la información, calidad de escritura y reflexión
sólida. Esto requiere contar con periodistas que
“desconfíen” de la información
que les llega naturalmente o por internet,
y que investiguen y comparen. Lo que se espera del
periodismo de opinión es el análisis,
la confrontación de fuentes que permitan acceder
a conclusiones originales. ¿Qué es la verdad
hoy en día? ¿Cuál es
la verdad para el público? Basta que haya simultaneidad
en la información escrita, radial y televisiva para que el público crea que
es la verdadera, aunque no lo sea. En general, podría
afirmarse que el ciudadano no siempre tiene los elementos
para distinguir. Si un buen diario es el que sirve
de punto fijo a los ciudadanos, el que proporciona fuentes
confiables, podemos concluir que la calidad principal
de un medio está en su credibilidad. Esto ocurre
cuando el lector puede tener, regularmente, la prueba
de que entre lo que afirma el medio y la realidad no
hay diferencias. El público necesita reafirmar
el pacto de credibilidad con el medio. Sin embargo,
algunos medios llevan a sus periodistas al anonimato, aunque
se debe poner de relieve que en la actualidad se tiende
a redescubrir el interés por los columnistas.
Hay un hecho que puede destacarse:
el 11 de setiembre derrumbó la admiración
por el periodismo americano de calidad y produjo
un conflicto entre el periodismo que reacciona con patriotismo
y el que lo hace con profesionalismo. Ello, sin contar los cientos
de casos de censura. La idea de la guerra del bien contra
el mal se ha extendido a la prensa.
La información
actual se caracteriza por su abundancia
(a pesar de que durante siglos fue escasa); por su ritmo
rápido y porque su valor está cada vez
más referido a cómo se ubica como mercancía
y como parte de las leyes del mercado. Informar es esencialmente
hacer que el público asista a un acontecimiento, es decir, mostrarlo,
situarse en un plano en el que el objetivo sea
transmitir que la mejor manera de estar informado es
hacerlo directamente. La idea de la autoinformación
se va imponiendo como parte de un sistema que incorpora
la noción de que “ver es comprender”. Por
ese motivo, la actualidad es básicamente lo que
dice el medio de comunicación dominante. Si este
señala que algo forma parte de la actualidad, los demás
medios de comunicación lo repetirán. Es
evidente que la televisión impondrá como
actualidad todos aquellos acontecimientos que sean propios
de su ámbito, acontecimientos esencialmente ricos
en capital visual y en imágenes. Cualquier suceso
de índole abstracto no será nunca de
actualidad en un medio de comunicación que es ante
todo visual.
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