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Por: María Teresa Quiroz* Página 2 de 3
 
 

Es por ello que muchos estudiosos piensan que los diarios están llamados a cumplir un nuevo papel en el complicado escenario mundial, agregándole a la información, calidad de escritura y reflexión sólida. Esto requiere contar con periodistas que “desconfíen” de la información que les llega naturalmente o por internet, y que investiguen y comparen. Lo que se espera del periodismo de opinión es el análisis, la confrontación de fuentes que permitan acceder a conclusiones originales.

¿Qué es la verdad hoy en día? ¿Cuál es la verdad para el público? Basta que haya simultaneidad en la información escrita, radial y televisiva para que el público crea que es la verdadera, aunque no lo sea. En general, podría afirmarse que el ciudadano no siempre tiene los elementos para distinguir. Si un buen diario es el que sirve de punto fijo a los ciudadanos, el que proporciona fuentes confiables, podemos concluir que la calidad principal de un medio está en su credibilidad. Esto ocurre cuando el lector puede tener, regularmente, la prueba de que entre lo que afirma el medio y la realidad no hay diferencias. El público necesita reafirmar el pacto de credibilidad con el medio. Sin embargo, algunos medios llevan a sus periodistas al anonimato, aunque se debe poner de relieve que en la actualidad se tiende a redescubrir el interés por los columnistas.

Hay un hecho que puede destacarse: el 11 de setiembre derrumbó la admiración por el periodismo americano de calidad y produjo un conflicto entre el periodismo que reacciona con patriotismo y el que lo hace con profesionalismo. Ello, sin contar los cientos de casos de censura. La idea de la guerra del bien contra el mal se ha extendido a la prensa.

La información actual se caracteriza por su abundancia (a pesar de que durante siglos fue escasa); por su ritmo rápido y porque su valor está cada vez más referido a cómo se ubica como mercancía y como parte de las leyes del mercado. Informar es esencialmente hacer que el público asista a un acontecimiento, es decir, mostrarlo, situarse en un plano en el que el objetivo sea transmitir que la mejor manera de estar informado es hacerlo directamente. La idea de la autoinformación se va imponiendo como parte de un sistema que incorpora la noción de que “ver es comprender”. Por ese motivo, la actualidad es básicamente lo que dice el medio de comunicación dominante. Si este señala que algo forma parte de la actualidad, los demás medios de comunicación lo repetirán. Es evidente que la televisión impondrá como actualidad todos aquellos acontecimientos que sean propios de su ámbito, acontecimientos esencialmente ricos en capital visual y en imágenes. Cualquier suceso de índole abstracto no será nunca de actualidad en un medio de comunicación que es ante todo visual.


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