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Por: María Teresa Quiroz* Página 1 de 3
 
 

Periodismo de opinión y poder en el Perú [1]

Se trata de una investigación que se encuentra en marcha y que se propone estudiar la relación entre el periodismo de opinión, la sociedad y la política en el Perú en esta etapa de transición democrática, en medio de una sociedad pobre, con un alto nivel de desigualdad social y una baja consistencia ciudadana. Se tratará de detectar las formas a través de las cuales los principales diarios ejercen la opinión, su incidencia en la agenda pública y en la vida política. Asimismo, se examinarán las líneas editoriales y sus acomodos o reacomodos en relación con la situación política del país.

Algunas de las preguntas que buscan ser respondidas son las siguientes: ¿Existen líneas editoriales sólidas en los diarios El Comercio, Perú 21, La República, Correo, Expreso y La Razón? ¿Qué cambios se han producido en las líneas editoriales de estos diarios en los últimos años? ¿Se puede hablar de “representación” de posiciones o de tendencias que representan intereses de grupo o de partidos políticos? ¿De qué modo las opiniones de los diarios o de los periodistas inciden de manera directa en la vida política nacional? ¿A qué sectores de la ciudadanía alcanza el periodismo de opinión? ¿Tiene el periodismo de opinión incidencia sobre una sociedad atrasada, descompuesta y con rezagos autoritarios como la peruana? ¿Quiénes son los periodistas que ejercen la opinión en estos diarios y cuál es su punto de vista sobre su quehacer y responsabilidad periodística? ¿Qué nivel de profesionalización alcanza el periodismo de opinión?

Voy a detenerme en dos temas que son de interés para los propósitos de la investigación: los dilemas de la democracia peruana y algunas reflexiones sobre el periodismo de opinión.

1. Los dilemas de la democracia peruana:

Podría decir que los actuales problemas de la democracia en el Perú son los siguientes:
La estabilidad de las formas democráticas. Afirmamos siempre que hemos salido de un gobierno autoritario pero no de una historia, de una cultura y de unas instituciones autoritarias. Nadie puede sentirse seguro respecto del futuro democrático del Perú en los próximos años. Menos aún si se observa el reciente malestar en diversos frentes (demandas regionales, crisis creciente de los partidos, dificultades en la gobernabilidad, malestar en las Fuerzas Armadas, etc.).
La gobernabilidad democrática. Agotado el consenso de Washington, la tensión entre las exigencias del crecimiento económico y las demandas sociales no encuentran aún un derrotero seguro de solución. Después del fracaso de las privatizaciones en Arequipa en el 2002, los dirigentes políticos peruanos no han podido concretar una política de mejora de la competitividad y estímulo a la inversión privada, que sea compatible con la necesidad de aliviar la pobreza. No hay propuestas de fondo (a pesar del Acuerdo Nacional) ni mucho menos consensos sobre el proceso político y económico de la descentralización, librada a la confrontación superficial entre intereses menudos y coyunturales. La agenda política es gaseosa y pobre.

La calidad de la democracia. En todo el mundo, la extensión generalizada de las formas democráticas viene acompañada de una decreciente intensidad en la vida democrática. Esta es la paradoja de la democracia contemporánea: nunca tan extensa, nunca menos intensa. Los mercados en que los políticos ofrecen propuestas para convencer a electores-ciudadanos, van siendo sustituidos por escenarios mediáticos en que los políticos sólo ofrecen mensajes publicitarios para seducir a electores-consumidores.

La pérdida de la calidad provoca falta de adhesión y desconfianza en la democracia, lo cual hace a ésta aún más frágil y precaria. Esto se hace evidente en la Encuesta de setiembre del 2003 sobre Opinión ciudadana sobre partidos políticos del Grupo de Opinión Pública de la U. de Lima, Transparencia e Idea Internacional. Los resultados indican que si bien un 81% prefiere un gobierno democrático a una dictadura, un 88% está poco o nada satisfecho con ella. Asimismo, más de un 80% no confía ni en los partidos políticos ni en el gobierno y un 55% tampoco confía en los medios de comunicación.

2. Algunas reflexiones sobre el periodismo de opinión:

Vivimos un tiempo de “laberinto” de la información, abundante y contaminada. La opinión está presente no solamente en los artículos firmados y de opinión específicamente, sino también en los titulares, en las “notas breves”, en las caricaturas, etc. Hay que desarrollar, como en los alimentos orgánicos, una ecología de la información: “descontaminar y consumir la información que consideremos más pura y basada en la confianza. Esto pasa por una relación más fuerte con las firmas y las personalidades en los medios” [2].


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