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Son las grandes redes que comienzan
a brindar estos servicios, las que transforman el sentido
mismo de hacer y ver televisión a partir de la
información digital e interactiva. Hoy esa
televisión programática y broadcast, tiene cada vez menos
posibilidades de responder a la producción globalizada
de programas, y sus narrativas, por tanto, menos capacidad
para competir eficazmente con una estética digital
marcada por la virtualidad de sus imágenes y
la interactividad de sus programas.
Las verdaderas ventajas de una
nueva televisión están en las posibilidades expresivas que ella
trae. La interactividad y la virtualidad son las características
mas saltantes, pero también la discontinuidad
narrativa, la velocidad y aceleración de movimientos,
la inmediatez de la información, la fragmentación
de acciones, el grafismo 3D, la mutación on-line,
las escenografías virtuales, el reciclaje de
imágenes y las propias formas de participación
del telenavegante serán inéditas. Se
trata de una televisión totalmente diferente a la masiva llamada
también de broadcast.
La televisión de programación,
se transforma virtualmente en un vehículo programable.
Una televisión de convergencia multimedia, interactiva, de redes
de fibra óptica, de canales pay-per-view, de
alta definición y de superhighway de informaciones.
Una televisión que ya no se ofrecerá como una programación
de denominador común, ni tampoco tendrá
canales, sino que sugerirá un infinito banco
de datos, donde cada televidente usuario podrá
escoger su propio material. Tal vez lo que menos cambie
sea el aspecto de nuestro televisor, pero todo lo que
está más allá de la pantalla, incluyendo nuestra
forma de verla e interactuar con ella, será diferente.
La televisión masiva, construida sobre la base de géneros y formatos,
aquella que se encargaba de organizar desde nuestra
visión del mundo, hasta nuestro tiempo de ocio,
está siendo empujada para afuera por ese nuevo ambiente
de relaciones y navegaciones llamada televisión digital. Un
vehículo desmasificante, segmentado y personalizado
a voluntad, que rompe con el sentido de flujo de programación
y construye formas multimediáticas de difusión
y demanda, ofertando paquetes y menús interactivos.
Se hace evidente que hacia un
futuro cercano, la idea de comunicación de masas
ya no querrá decir absolutamente nada. La cada
vez menos influencia que tiene la televisión masiva en la sociedad,
es inversamente proporcional al fortalecimiento que
esta logrando la televisión segmentada en ella. Basta comprender
que el poder que ejerce la CNN a nivel global está más
allá de su rating. Por ello, los compromisos
sociales y éticos son cada vez más exigidos a
la televisión abierta. Ella ya no puede seguir siendo producida
como si fuera un negocio de hacendados o un medio de
presión política. Su única alternativa
es invertir en un compromiso ético para servir
a su sociedad, admitiendo que tales cosas, ética
y servicio, puedan ser conjugadas por los añejos
broadcast.
No se trata de ser apocalíptico
o de reverenciar una transformación tecnológica,
sino de asumir realidades y sentidos que nos permitan
repensar el presente y proyectar el futuro, discutiendo
no solo normas y estrategias de marketing, sino las
necesarias transformaciones en la propia esencia de
la televisión. Por ello, creemos que la televisión abierta y masiva
deberá transformarse en función de ser
un medio de cohesión ciudadana y generador de
sentidos colectivos en todas las sociedades, al tiempo
que la televisión digital debe ser experimentada y asumida estéticamente
en tránsito hacia su fusión con el computador
y otros medios como la misma televisión masiva.
Pensar el futuro es una
buena manera de ubicarse en el presente. Creer que las
culpas de la crisis están en los errores del
pasado es quedarse parado. No se trata de discutir
el avance de una tecnología u otra, y sí
de pensar hasta dónde ellas están alterando la
propias bases del medio más poderoso de la comunicación
humana. La televisión segmentada acierta en la experimentación
e innovación de recursos estéticos. La
televisión abierta falla al no reflexionar sobre sí
misma,
simplemente porque nunca creyeron que tal cosa sirva
para algo.
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