Los recursos de producción
son escasos. Butaca N se limita a proyectar el trailer
de la cinta que luego es materia del comentario. En
El placer de los ojos el amplio material audiovisual
de apoyo proviene de los archivos del propio director-conductor,
de la Facultad de Comunicación de la Universidad
de Lima y de otros. La impresión que se puede
tener es que hay fragmentos en abundancia y no es así,
pues no se cuenta en Lima con un fondo realmente importante
de copias en soporte de video analógico y digital
y hay, por lo tanto, infinidad de vacíos que
a veces impiden la selección de ciertos temas,
por falta de apoyo fílmico, en El placer de los
ojos. Otro mérito que se debe destacar, entonces, es el
hecho de que estos programas se realizan a un costo
mínimo en términos de producción
y eso, claro, abona a favor de su permanencia, pues
no supone el menor egreso adicional para la economía
del canal.
En El placer de los ojos, la
conducción a cargo del crítico y profesor
Ricardo Bedoya, también director del programa,
ha ido ganando en soltura y dominio a través
del tiempo. Una observación: la erudición
del conductor, y su irrefrenable entusiasmo al hablar
de cine, no permiten a veces que el interlocutor se
explaye lo suficiente, aunque cabe reconocer que en
varias ocasiones las limitaciones de los entrevistados
justifican, si se quiere, una mayor intervención
(con frecuencia esclarecedora de términos o referencias)
de Bedoya. Por otra parte, a veces se abusa en las entrevistas
de ángulos, movimientos de cámara o cambios
de color que perturban la atención de unas entrevistas
que no requiere de esos procedimientos distractivos
y puramente ornamentales. Sin embargo, el balance de
lo ofrecido hasta hoy es ampliamente favorable y la
reiterada atención a la producción local,
no sólo en forma de largos, sino de cortos, sea
en soporte fílmico o videístico, es uno
de los aciertos mayores. Sin más, El Placer de
los ojos se ha convertido, hoy por hoy en el único
espacio que difunde cortos de producción local,
lo que tuvo un precedente en el programa Video
bizarro,
que condujo Jimena Lindo.
De todas formas, tal vez sea el momento de replantear
algunas secciones o de pensar en alguna otra y así
renovar un espacio que cuenta con una hora de duración
y que convoca a un buen número de aficionados
deseosos de conocer algo distinto de los making of rutinarios.
Butaca N es un talk show
en el sentido preciso de la expresión. Es, en
este caso, el diálogo de dos especialistas o
conocedores, el periodista Alberto Servat y el realizador,
ensayista y profesor de cine José Carlos Huayhuaca.
La diferencia de edad, rasgos personales y modales no
ha sido óbice para que el programa se haya ido
consolidando, superando imprecisiones iniciales atribuibles
en buena medida a la falta de exposición en cámara
de los conductores. No obstante, hay varias observaciones
que hacer, aunque ellas, en mi opinión, no afectan
sustancialmente el aporte de un programa valioso en
términos de acercamiento crítico a las
películas de cartelera. En realidad, es el único
programa concentrado únicamente en la crítica
cinematográfica que hay en la televisión
peruana, aunque no sea esto lo que lo convierte automáticamente
en un programa destacable, sino los méritos propios
de este espacio de media hora. Al programa le hace falta
una dosis mayor de desacuerdo y divergencia, un factor
clave en el desenvolvimiento de este tipo de talk shows
referidos al cine. Allí está el modelo
de Siskel y Ebert. No es suficiente la diferencia en
el color de las tarjetas, si la polémica no ha
estado “encendida”. A veces, incluso, el
color de la tarjeta no se atiene a lo expresado previamente
y puede sonar, por lo tanto, como algo arbitrario.
Por otra parte, a Alberto
Servat le falta una mayor fundamentación de algunas
opiniones o juicios vertidos, mientras que Huayhuaca
incurre en errores o lagunas informativas inaceptables
en este tipo de programas en los que (el referente de
Cine al día español es elocuente) la erudición
es casi una condición sine qua non. Una cosa
es un olvido o un lapsus pasajero, otra muy distinta
desconocer antecedentes de directores cuya obra ha sido
vista en Lima
o atribuir autorías equivocadas. En el caso de
Servat, la erudición en materia de cine norteamericano
no se repite en otras cinematografías y esa es
también una seria limitación.
Aún así, y más allá de las
diferencias de criterio que uno pueda tener con lo que
expresan los dialogantes (a propósito, hay en
Huayhuaca una inclinación a partir de una cierta
preceptiva de modelos de relato, sobre todo en el caso
de los géneros clásicos), es un programa
en el que uno puede cotejar provechosamente sus propias
impresiones de las películas vistas y en el que
los conductores tienden a lucirse en mayor medida en
el segmento dedicado a las películas en vídeo,
películas que, ciertamente, tienen mucho más
asimiladas. Tarjeta verde para el programa, pese a las
reservas formuladas.