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Durante más de 40 años
el cine, inicial competidor de la televisión
como se sabe, se hizo presente en la pantalla chica
local básicamente a través de la emisión
de películas y, en menor medida, de algunos programas
de carácter promocional o notas incluidas en algunos magazines televisivos.
Muy pocos recuerdan ahora las presentaciones que, en
los primeros tiempos de América Televisión,
tuvo a su cargo el periodista François Guzmán
o, más tarde, los comentarios de Salvador Montero.
Esas y algunas otras pequeñas incursiones de
ese tipo fueron manifestaciones más bien aisladas
que no permitieron que el espacio de la imagen electrónica
contribuyera a mirar de un modo distinto las películas,
tanto las que se emitían de manera harto desordenada
por la pantalla catódica como las que se ofrecían
en la cartelera comercial limeña. En países
vecinos, y motivados por una televisión administrada
con un criterio no comercial –Chile, por ejemplo–
o con una producción cinematográfica considerable
–caso de Argentina– la escena fue diferente: los
programas abocados al comentario de filmes o a la historia
del cine nacional tuvieron espacios a veces duraderos.
Esa situación en los canales locales de televisión
se ha visto de pronto alterada en los años recientes.
No por obra de una televisión comercial de señal
abierta que ha vivido años aciagos al son de
las manipulaciones del (y la complicidad con) el poder
político y la tiranía de un rating que
ha ido reduciendo considerablemente los niveles de calidad
y exigencia de la programación, sino por una
televisión que opera como “alternativa”.
El placer de los ojos tiene
ya tres años ininterrumpidos en la pantalla de
Canal 7 TNP. Butaca N se encamina a los dos años
en Canal N. Eso no es poco para propuestas de programas
de cine muy distintas a las que han caracterizado la
televisión local, desde Charlas del cine, que
conducía Pepe Ludmir, hasta Cinescape, el programa
a cargo de Bruno Pinasco. Cierto, el primero es el canal
del Estado y el otro es una señal del cable.
Pero Canal 7, además de ser una frecuencia en
señal abierta, tiene un amplio alcance nacional
y ha levantado el nivel de calidad de su programación
de manera ostensible en los últimos años.
Canal N, por su parte, ofrece una oferta periodística
que ha logrado concentrar un volumen significativo de
televidentes, principalmente en los estratos de mayor
capacidad económica y de nivel educativo más
alto.
Pero, si esos dos programas se han mantenido el tiempo
que tienen en pantalla es porque han interesado a un
amplio segmento de aficionados al cine, no sólo
aquellos que le dispensan una atención especial,
sino también esos sectores periféricos
que ven una o dos películas al mes en salas públicas
y algunas más en VHS o DVD. No es, entonces,
una simple obstinación de emisoras que no están
compitiendo por el rating. Es la demostración
de que esos espacios se han consolidado y tienen un
público que los sigue.
Naturalmente, hacía
falta, y desde hace cuánto tiempo, un diseño
de programas como los que motivan esta reseña.
Un diseño que no es novedoso ni intenta serlo
en un universo internacional como el televisivo, en el
que a menudo los esquemas se repiten o se reproducen.
No es novedoso en otras partes, pero vaya que entre
nosotros sí lo ha sido y lo sigue siendo. Que
Butaca N , por ejemplo, se inspire abiertamente en el
programa que inciaron Roger Ebert y David Siskel , de
gran convocatoria en los Estados Unidos, pero casi desconocido
en el Perú, a pesar de que se puede acceder a
él a través del cable, no ha dejado de
ser, al menos en un principio, una curiosidad: el diálogo
de dos especialistas en torno a una película
que culmina con una valoración gestual o visual:
en la fórmula de Siskel y Ebert, el dedo pulgar
en alto o en bajo, en Butaca N las tarjetas verde, amarilla
y roja. El placer de los ojos, por su parte, es un
magazine donde se reseñan críticamente
películas de cartelera, se hacen notas sobre
directores, cinematografías o temas, se entrevista
a gente de cine y se exhiben cortos. En este programa,
por ejemplo, algo inédito en los cuarenta y tantos
años de televisión peruana, se han mostrado
por primera vez pequeñas aproximaciones a diversos
aspectos del lenguaje fílmico (los planos, los
movimientos de cámara, la iluminación,
el color, etc.) entre otras notas que no son, precisamente,
las que han estado presentes en los espacios dedicados
al cine que, casi sin variaciones, operan como una extensión
publicitaria de las grandes empresas de distribución.
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