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Por: Julio Hevia* Página 4 de 6
 
 

Más vale maca que fuerza

En Argentina se sorprendieron del supuesto uso que los integrantes del Cienciano le daban a un producto sin precedentes en el universo deportivo, la llamada maca; quizá le otorgaron un mágico lugar a la pretendida fe trasuntada por unas declaraciones nunca confirmadas. Lo cierto es que se trata de un tubérculo andino altamente nutritivo, rico en aminoácidos, hierro, fósforo, calcio, magnesio, potasio y sodio. Según investigaciones efectuadas por la Universidad Cayetano Heredia y la empresa Schuler, está plenamente certificado que se trata de un energizante natural de probada eficacia, de un producto rico en glucosinolatos, factor que ciertamente torna más eficaz el consumo de oxígeno en cada usuario. Se nos informa por añadidura, que la dichosa maca incrementa el deseo sexual y tiene incidencia sobre la producción de espermatozoides: así, a falta de huevos buena es la maca.

Se dijo que algunos jugadores –¿cuáles?– del campeón de la Copa Nissan Sudamericana declararon haber ingerido tres cápsulas de maca diarias desde hace tres meses. Hubo, por supuesto, quienes se apresuraron a indicar que se trataba de un factor nada desdeñable para dar cuenta del modo, excepcionalmente enraizado e imprevisiblemente persistente con que el Cienciano confrontó todos sus compromisos. Según tal lógica, en la maca ubicaríamos la deseada justificación y última razón para explicar la manera en que la gente más veterana y trajinada de ese equipo, léase Carty, Morán, Ibáñez, Bazalar, hayan respondido sin pausa ni desmayo en las confrontaciones más ásperas libradas por el equipo peruano. Pero no nos engañemos, lectores y lectoras, lo cierto es que los titulares no se acogieron al programa de consumo de maca.

Tanto mejor, pues lo que interesa enfatizar es la manera en que el factor maca se adicionó a otros tantos elementos, reales o imaginarios, constatados o atribuidos, históricos o folklóricos, para que el perfil internacionalmente atribuido al equipo peruano se invistiera de componentes místicos y mágicos. Suerte de retorno telúrico o de reivindicación inca fabricadas, en clave moderna, por el orbe medial. Resurección del cholo recio y del mestizo achorado, mezcla utilitaria del serrano blanco y el zambo mechador. Especie de arca de Noé de los pigmentos más cobrizos, más oscuros, más étnicos; especie de parque ecológico encargado de salvaguardar a toda especie en extinción.

Retorno glorioso, bajo el volcán

Viernes 19 de diciembre, viernes de rubí. Henos aquí en el Estadio Monumental de Arequipa, en el recinto de San Agustín, donde las autoridades pertinentes decretaron se librara el partido de vuelta de las finales de la Copa Nissan Sudamericana. Como es de rigor el estadio se encuentra atestado de hinchas y la euforia creciente se derrama justo cuando el equipo peruano salta a la cancha, rojo y blanco a pesar de todo, rojo y blanco contra todo. La cátedra internacional, léase argentina, la misma que hace y deshace los espacios deportivos de Fox Sports, no oculta el deseo de una reivindicación heroica a cargo de los millonarios del River Plate. Obviamente la idea es cerrar el año con un triunfo que le añada lustre al lustre que Boca supo alcanzar en Tokio a costa del connotado Milan. Obviamente los argentinos quieren otra copa. Pero si de algo sabemos en este país es de copas, casi todas rotas por cierto, y esta vez hemos querido creer, hemos preferido creer que tanto triunfo, tanta regularidad y tanto oficio cusqueño no podían resultar puro bluff, pura bamba.

Son aproximadamente las 7:10 p.m., hora peruana, y un señor de amarillo da por iniciadas las acciones. Cienciano se arroja, quizá un poco demasiado apremiado a liquidar la contienda. A los pocos segundos el equipo rival se arrincona y cede de momento la iniciativa. La gente se entusiasma, los televidentes también, quizá el país entero. Sin embargo, las cosas se van equilibrando y al poco rato River Plate se convierte en indiscutible dueño de la pelota y dominador absoluto del juego. Los jugadores cusqueños arrecian la marca y con ello le dan a un árbitro curiosamente parcializado el pretexto ideal. El desconcierto reina en la cancha y una peligrosa tendencia al mutismo, por demás conocida entre nosotros, planea en las tribunas. Cienciano no está jugando bien y River Plate pudo más de una vez inaugurar el marcador. Sin embargo el parante, la altura y los nervios de los visitantes resultaron ser los mejores aliados de un Ibáñez, una vez más, enorme. El hincha comienza a desear que los minutos pasen: mal índice. La memoria señala que en estos tramos, o sea, a las finales choche es donde los equipos peruanos arrugan: corolario indeseable. Las retinas se niegan a aceptar, en suma, lo que se mostró en la cancha.

Toda una serie de interrogantes van aglutinándose en las gargantas contenidas, cual jubilados a fin de mes: ¿es la única función de Morán fungir de cancerbero del "Muñeco"? ¿encontrará Acasiete cómo contrastar la envergadura del Maxi Franki bonaerense que le ha tocado en suerte? ¿cuántas intervenciones más de La Rosa soportará el árbitro antes de hacer devenir La Roja? ¿con quién debería tejer su fútbol Bazalar? ¿Carty sólo va a depender de errores ajenos? ¿García, la carta más habilidosa del frente de ataque, está verdaderamente en la cancha? Estas preguntas tendían a entremezclarse con otras de aliento más sombrío: ¿deberemos conformarnos una vez más con haberlo intentado y volver al estribillo chicha "sufre peruano, sufre"? ¿acaso, triste conclusión, la gente del Cienciano no está a la altura de la jerarquía del encuentro?.

Un deseo frenético, un pedido último se adhiere cual sticker a la regularidad mostrada por este mismo equipo en otras presentaciones. Ese deseo tiene voz, tiene nombre y apellido: se llama Freddy Ternero. Ya se sabe: no se puede jugar de local como si uno fuera visitante. No se puede jugar contra el rival cuando el primer y principal rival sigue siendo uno mismo. En consecuencia, todo el Perú espera que el partido vuelva a comenzar en el segundo tiempo: borrón y cuenta nueva. Si el liquid paper existe, que opere ya. El periodismo especula, fiel a sus conjuros, con los posibles cambios. Sin embargo, Ternero y Pellegrini salen con los mismos equipos que terminaron el primer tiempo.



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