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Más vale maca que fuerza
En Argentina se sorprendieron
del supuesto uso que los integrantes del Cienciano le
daban a un producto sin precedentes en el universo deportivo,
la llamada maca; quizá le otorgaron un mágico
lugar a la pretendida fe trasuntada por unas declaraciones
nunca confirmadas. Lo cierto es que se trata de un tubérculo
andino altamente nutritivo, rico en aminoácidos,
hierro, fósforo, calcio, magnesio, potasio y sodio.
Según investigaciones efectuadas por la Universidad
Cayetano Heredia y la empresa Schuler, está plenamente
certificado que se trata de un energizante natural
de probada eficacia, de un producto rico en glucosinolatos,
factor que ciertamente torna más eficaz el consumo
de oxígeno en cada usuario. Se nos informa por
añadidura, que la dichosa maca incrementa el
deseo sexual y tiene incidencia sobre la producción
de espermatozoides: así, a falta de huevos
buena es la maca.
Se dijo que algunos jugadores
–¿cuáles?– del campeón de la
Copa Nissan Sudamericana declararon haber ingerido tres cápsulas
de maca diarias desde hace tres meses. Hubo, por supuesto,
quienes se apresuraron a indicar que se trataba de un
factor nada desdeñable para dar cuenta del modo,
excepcionalmente enraizado e imprevisiblemente
persistente
con que el Cienciano confrontó todos sus compromisos.
Según tal lógica, en la maca ubicaríamos
la deseada justificación y última razón
para explicar la manera en que la gente más veterana
y trajinada de ese equipo, léase Carty, Morán,
Ibáñez, Bazalar, hayan respondido sin
pausa ni desmayo en las confrontaciones más ásperas
libradas por el equipo peruano. Pero no nos engañemos,
lectores y lectoras, lo cierto es que los titulares no
se acogieron al programa de consumo de maca.
Tanto mejor, pues lo que interesa
enfatizar es la manera en que el factor maca se adicionó
a otros tantos elementos, reales o imaginarios, constatados
o atribuidos, históricos o folklóricos,
para que el perfil internacionalmente atribuido al equipo
peruano se invistiera de componentes místicos
y mágicos. Suerte de retorno telúrico
o de reivindicación inca fabricadas, en clave
moderna, por el orbe medial. Resurección del
cholo recio y del mestizo achorado, mezcla utilitaria
del serrano blanco y el zambo mechador. Especie de arca
de Noé de los pigmentos más cobrizos,
más oscuros, más étnicos; especie
de parque ecológico encargado de salvaguardar
a toda especie en extinción.
Retorno glorioso, bajo el volcán
Viernes 19 de diciembre, viernes
de rubí. Henos aquí en el Estadio Monumental
de Arequipa, en el recinto de San Agustín, donde
las autoridades pertinentes decretaron se librara el
partido de vuelta de las finales de la Copa Nissan Sudamericana. Como es de rigor el estadio se encuentra atestado
de hinchas y la euforia creciente se derrama justo cuando
el equipo peruano salta a la cancha, rojo y blanco a
pesar de todo, rojo y blanco contra todo. La cátedra
internacional, léase argentina, la misma que
hace y deshace los espacios deportivos de Fox Sports,
no oculta el deseo de una reivindicación heroica
a cargo de los millonarios del River Plate. Obviamente
la idea es cerrar el año con un triunfo que le
añada lustre al lustre que Boca supo alcanzar
en Tokio a costa del connotado Milan. Obviamente los
argentinos quieren otra copa. Pero si de algo sabemos
en este país es de copas, casi todas rotas por
cierto, y esta vez hemos querido creer, hemos preferido
creer que tanto triunfo, tanta regularidad y tanto oficio
cusqueño no podían resultar puro bluff,
pura bamba.
Son aproximadamente las 7:10
p.m., hora peruana, y un señor de amarillo da
por iniciadas las acciones. Cienciano se arroja, quizá
un poco demasiado apremiado a liquidar la contienda.
A los pocos segundos el equipo rival se arrincona y
cede de momento la iniciativa. La gente se entusiasma,
los televidentes también, quizá el país
entero. Sin embargo, las cosas se van equilibrando y
al poco rato River Plate se convierte en indiscutible
dueño de la pelota y dominador absoluto del juego.
Los jugadores cusqueños arrecian la marca y con
ello le dan a un árbitro curiosamente
parcializado
el pretexto ideal. El desconcierto reina en la cancha
y una peligrosa tendencia al mutismo, por demás
conocida entre nosotros, planea en las tribunas. Cienciano
no está jugando bien y River Plate pudo más
de una vez inaugurar el marcador. Sin embargo el parante,
la altura y los nervios de los visitantes resultaron
ser los mejores aliados de un Ibáñez, una vez
más, enorme. El hincha comienza a desear que
los minutos pasen: mal índice. La memoria señala
que en estos tramos, o sea, a las finales choche es
donde los equipos peruanos arrugan: corolario indeseable.
Las retinas se niegan a aceptar, en suma, lo que se
mostró en la cancha.
Toda una serie de interrogantes
van aglutinándose
en las gargantas contenidas, cual jubilados a fin de
mes: ¿es la única
función de Morán fungir de cancerbero
del "Muñeco"? ¿encontrará Acasiete
cómo contrastar la envergadura del Maxi Franki bonaerense
que le ha tocado en suerte? ¿cuántas intervenciones
más de La Rosa soportará el árbitro
antes de hacer devenir La Roja? ¿con quién
debería tejer su fútbol Bazalar? ¿Carty
sólo va a depender de errores ajenos? ¿García,
la carta más habilidosa del frente de ataque,
está verdaderamente en la cancha? Estas preguntas
tendían a entremezclarse con otras de aliento
más sombrío: ¿deberemos
conformarnos
una vez más con haberlo intentado y volver al
estribillo chicha "sufre peruano, sufre"? ¿acaso,
triste conclusión, la gente del Cienciano no
está a la altura de la jerarquía del encuentro?.
Un deseo frenético, un
pedido último se adhiere cual sticker a la regularidad
mostrada por este mismo equipo en otras presentaciones.
Ese deseo tiene voz, tiene nombre y apellido: se llama
Freddy Ternero. Ya se sabe: no se puede jugar de local
como si uno fuera visitante. No se puede jugar contra
el rival cuando el primer y principal rival sigue siendo
uno mismo. En consecuencia, todo el Perú espera
que el partido vuelva a comenzar en el segundo tiempo:
borrón y cuenta nueva. Si el liquid paper existe,
que opere ya. El periodismo especula, fiel a sus conjuros,
con los posibles cambios. Sin embargo, Ternero y
Pellegrini
salen con los mismos equipos que terminaron el primer
tiempo.
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