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Afiche Vértigo

Afiche El hombre del brazo de oro

 
 
Por: Ciro Palacios* Página 2 de 2
 
 

Bass y Hitchcock

Vértigo (1958), Con la muerte en los talones (1959) y Psicosis (1960), marcan los inicios de la colaboración de Saul Bass con el maestro del suspenso, y fueron ocasión para conjugar sus talentos en obras magistrales. Allí no sólo desarrolló los títulos sino también asumió la responsabilidad de Consultor Visual y creó los ambientes físicos apropiados para el clima de tensión creciente en ellos. En la tercera especialmente filmó e hizo el montaje de la inolvidable secuencia de la ducha, intervino en la aparición de las nubes que se cernieron tan significativamente sobre la casa de los Bates en la colina, confeccionó el guión y filmó en parte la secuencia en la que el investigador Arbogat cae de espaldas por las escaleras y se mata. En una entrevista confesó finalmente sobre su tan discutida autoría

“Cuando Hitchcock empezó a filmar la película me pidió trabajar en cuatro secuencias en las que pensaba que algo tenía que suceder, algo fuera de lo que normalmente se espera que suceda: la secuencia de la ducha, la secuencia del asesinato de Marty Balsam en las escaleras, cuando descubren a la madre, etc.
Hitchcock siempre tenía la película completa en la cabeza, así que lo que pasó en el set no era realmente algo nuevo. Su comprensión de filmar era demasiado profunda. Permanecía en el set frecuentemente, a medida que el tiempo me lo permitía, para observarlo trabajar. Era una especie de curso teórico para hacer películas. Pero cuando le mostré mi secuencia de la ducha en el story-board, Hitchcock se mostró inquieto, porque le gustaban las tomas largas y contínuas. Si alguien subía las escaleras y entraba a una habitación, él hacia que lo siguieran con la cámara por las escaleras, a través del corredor y dentro de la habitación. Esa era su característica. Mi propuesta era otra. Muchos cortes en un minuto. Su inquietud me puso nervioso, así que pedí prestada la cámara y mantuve a Janet Leigh en el set después de la filmación del día. Gasté unos 15 metros de película, luego me senté con un ayudante y lo cortamos juntos. Se lo mostré a Hitchcock y le gustó. Cuando llegó el tiempo de filmar, Hitchcock estaba en su silla elevada de director, a la manera de un Buda y con las manos en su regazo. Le mostré mi story-board, miré a través de la cámara, volteé hacia él y dije 'Esto es'. El contestó, fílmalo. Bueno fue un momento sorprendente. En el set de Hitchcock, nadie daba una orden: sólo él. Pasé la saliva y dije 'acción': hicimos la toma y nos preparamos para la siguiente. Me dio de nuevo la señal para filmar, se sentó en su silla haciendo una señal con la cabeza y así fue como pasó todo”.

En los títulos de la película abandonó toda representación figurativa y tomó la decisión de trabajar solo con elementos gráficos simples de líneas paralelas y tipografía sin serif; esta abstracción nos remite de manera directa a un clima de tensión mediante elementos morfológicos que crean fuerzas en sus sorpresivos desplazamientos simulando una ruptura que nos habla permanentemente de un desdoblamiento que se anuncia inminente con el agregado del quiebre de los caracteres tipográficos. Estas franjas paralelas, que huyen por diferentes direcciones sugiriendo inestabilidad mental, se corresponden perfectamente con los potentes efectos que produce la música creada por Bernard Herrman y que sirven para intensificar el clima que gobernará el film con la presencia protagónica de la esquizofrenia.
La asociación de estos dos genios no fue tan larga como con Preminger, sin embargo, sus obras pasaron a la posteridad.

Bass y Scorsese

Esta asociación surgió por un vínculo temprano de Martín Scorsese en sus primeros contactos con la obra de Saul Bass, cuando aún era un niño. Así lo expresa en un artículo escrito por él para Cahiers du cinéma 54 “El hombre que prometía sueños”, cuando dice: 

"...Siendo aún niño me di cuenta de que una nueva sensibilidad estaba a punto de emerger de los filmes de los años cincuenta, eran más adultos y más viscerales. Esa nueva sensibilidad se manifestaba en la elección de los temas, la creación musical, en el afiche del film que aún no se había estrenado pero que era como la promesa de un sueño y finalmente la secuencia de genéricos de forma artística. Presentaban estos al film de la misma manera que una obertura presenta a una ópera. Estos estaban firmados por Saul Bass. Sus trabajos poseían un sentido preciso de la forma y una extraordinaria precisión, estaban realizados con el ojo paciente de un joyero por lo que transmitían el sentido de la película en un corto desarrollo de imágenes muy convincente y riguroso".

Hasta que llegó el encuentro directo, Martín buscó a Saul y le pidió preparar los títulos de Goodfellas (1990), y al año siguiente los de El cabo del Miedo (1991). Con la aceptación Scorsese logró cumplir un deseo guardado durante muchos años. En esta oportunidad Bass ya estaba asociado a Elaine, su esposa con la que trabajará también La Edad de la Inocencia (1992) y Casino (1995)

La secuencia de apertura de El Cabo del Miedo, es minimalista pero resonante. Los títulos y los créditos están compuestos en tipografía alta, inclinada, condensada y de trazo grueso, calada sobre un fondo de imágenes transparentes, que incluye fundamentalmente agua, sangre que gotea, distorsiones grotescas de rostros, siluetas alargadas y amenazantes que se alternan con una muy sutil distorsión del título reducido siempre sobre una superficie líquida que cambia progresivamente deviniendo cada vez más abstracta. Los verdes, los oros y los azules cambian poco a poco en rojo sangre, color potente que se mantiene hasta la exposición en primer plano de Juliette Lewis que se encadena con la presentación de unos ojos deformados. Saul Bass dijo en un comentario a raíz de la producción de esta secuencia:

"Hemos utilizado trucajes ópticos muy simples: las imágenes estaban sumergidas en el agua y luego deformadas. Al cabo de un momento el agua es comparable a una especie de torbellino de emociones muy violentas, constituidos de colores y formas con sobreentendidos muy perturbadores. Con ese procedimiento quisimos acrecentar la sensación de amenaza y cuando aparecen los tatuajes sobre el cuerpo de De Niro, estos se perciben extraños y terroríficos".

En la tercera colaboración de Bass con Scorsese, La Edad de la Inocencia, trabajó una metáfora visual compleja en la que se proyecta el aura romántica del contexto histórico, una sensualidad escondida y sus códigos más secretos a través de una secuencia de superposición de diferentes niveles metafóricos. En el primero flores opulentas se abren y cada una es como un capullo que explota lenta e inexorablemente hasta cubrir toda el área del ecran. Se encadenan fundidos entre ellas en una progresión del tiempo, pues las primeras se abren con lentitud y de modo delicado y poco a poco se acelera creando un ambiente de eclosión de flores. El segundo nivel está compuesto por una sobreimpresión muy tenue de encaje que paulatinamente va incrementándose hasta convertirse en un filtro a través del cual accedemos visualmente a las flores en su rápida apertura. El tercer nivel está constituido por la textura caligráfica de estilo victoriano, que nos remite al origen literario del film y al que para finalizar se sobreimpone el logotipo de la película.
En su cuarta obra magistral para Socorsese, Bass en colaboración con su esposa, nos pinta el clima que se ha de vivir en el relato de la película Casino, y nos conduce por un camino iniciado por la tragedia en el que combina el espectáculo de un descenso al infierno con la belleza estentórea de las marquesinas de las casas de juego de Las Vegas, en un despliegue dinámico y armonioso de luces coloreadas de neón y al ritmo de la Pasión de San Mateo de Bach. El material visual y sonoro usado en esta oportunidad es más rico que en otras obras pero lo que conserva como método es el trabajar en una idea efectivamente muy simple, la trayectoria de un héroe maldito en las llamas del infierno asociadas a la imaginería propia de Las Vegas.

"Elaine y yo procuramos crear una metáfora para Las Vegas, de traición, moralidad torcida, codicia, y al fin, autodestrucción".

A Saul Bass no le fue fácil imponer su nueva concepción de la secuencia de títulos en el cine, tuvo que luchar muy duro para trascender las críticas innecesarias que asfixiaban los primeros asomos de su estilo que trajo la combinación de fotografía, tipografía, elementos gráficos y, posteriormente, la actuación viva en un solo ente. Las exigencias de sus trabajos fueron acompañados de una total negativa a repetir el cliché de las sorpresas reiteradas. Exploró diversos recursos técnicos a los que añadió la acción en vivo sin mostrar las escenas de la película, pero estableciendo sí un juego de señas que inducen a los espectadores a participar muy subjetivamente. Sus secuencias establecen puestas en escena, resumen de grandes temas, e imponen un tono dominante; funciones que pueden trabajar juntas y crear una cuarta más fugaz: provocar el estado de inmersión en la película preparando al espectador para el paso entre la experiencia vivida y lo que hay de oculta en ella, donde la lógica de la primera se borra para dar paso a la lógica propia de la película. Bass, diseñador gráfico y cinematografista logró la simbiosis perfecta de estos grandes medios en ese encuentro infinito y misterioso de la creación genial.


Ver video: créditos Casino


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