| Siempre recuerdo
el impacto que me produjo ver las películas de
la época del cine mudo, acostumbrado como estaba
al sonido. Recuerdo de ellas la participación
del texto tipográfico en las pantallas, ya sea
para dar el título de la película a exhibirse
o para mostrar los diálogos de los personajes.
Pienso que en los tiempos iniciales de la irrupción
del sonido nadie imaginó que con su presencia
y la eliminación del texto se estaría
provocando la gestación de un nuevo arte dentro
del film. Fueron confluyendo en la historia del cine
acontecimientos que posibilitaron el nacimiento de este
nuevo arte que adquirió con el transcurso del
tiempo diversos nombres: secuencia de títulos,
créditos de cine, genéricos, title cards
etc., que durante varias décadas mantuvo una
función meramente informativa y poco significativa.
Esta se resolvía técnicamente mediante
la caligrafía, con caracteres impresos o rotulados
sobre cartones.
En 1916, D. W. Griffith incorporó a sus películas
la tipografía como componente significante en Intolerancia. Cada cartón contenía una
composición de letras estáticas sobreimpuestas
a un fondo fotográfico como la introducción
de cada período histórico a presentar.
Entre 1920 y 1930, Walt Disney hizo un avance tecnológico
importante en la animación logrando que las acciones
se vieran más refinadas al sincronizar música,
sonido y diálogos e incorporar el color. Este
aporte en pro del realismo de las imágenes causó
una revolución entre los animadores y diseñadores
que buscaban romper los límites creativos.
La llegada de la tecnología de la televisión
y el desarrollo exponencial de la industria publicitaria
en los años treinta creó el espacio adecuado para la experimentación
con el film y la animación. Empezaron a irrumpir
los elementos simbólicos e iconográficos
desplazando a los carteles realistas estáticos
en los fondos de las composiciones. Muchos exploraron
el uso de la tipografía influenciados por la
presencia de los diseñadores gráficos
europeos inmigrantes, que trajeron un bagaje de conocimientos
y una vasta experiencia en dicho campo. Y es en este
contexto en el que se gestará el enlace de dos
disciplinas creativas: el diseño gráfico
y el arte cinematográfico; y la interrelación
de dos medios: el gráfico y el cine en la persona
de Saul Bass.
Saul
Bass el pionero
Bass nació el 8 de mayo de 1920 en la ciudad
de Nueva York, y estudió a los quince años
de edad en el Art Students League en Manhattan y posteriormente
prosiguió sus estudios y contactó con
Gyorgy Kepes en el Brookling College, donde fue influenciado
por la estética modernista. Hasta finales de
los cuarenta trabajó en agencias publicitarias
y diseñó anuncios publicitarios en Nueva
York hasta que puso su talento al servicio de Hollywood
y fundó en 1946 la Saul Bass&Associates,
una compañía especializada en la realización
de genéricos. En el año 1948 se mudó
a Los Angeles, donde desafió al diseño
convencional y puso en práctica sus propuestas
acordes con los principios de su estilo de diseño
modernista. Sus primeros trabajos consistieron en idear
los carteles para promocionar películas como Un rayo de luz (Joseph L. Mankievwicz,
1950), y los símbolos gráficos para las
películas de Otto Preminger que fueron los que
le abrieron mejor las puertas para su producción
de títulos célebres.
Después de la Segunda Guerra Mundial y con la
irrupción del expresionismo abstracto en
Estados Unidos, surge el primer experimento gráfico
de Saul Bass en el ámbito cinematográfico
para la película Carmen Jones. Ya era autor de
imágenes visuales corporativas conocidas a nivel
mundial, como AT&T, United Airlines, Girl Scouts,
Minolta, Warner Comunications, etc., que son hitos importantes
en el diseño americano de símbolos de
identidad corporativa en el siglo XX, pero que, sin embargo,
no satisfacen plenamente su expectativa como creador,
tal como lo manifiesta en una entrevista que fue publicada
en la famosa revista de diseño gráfico HOW, en junio de 1996:
“A pesar que crear
un símbolo corporativo puede ser una tarea
maravillosa, no se le puede inyectar la substancia
que sí es posible proyectar en una secuencia
fílmica de tres minutos, que lo llevará
al borde del terror, que lo hace sentir bien o lo
que sea. Las películas son un medio emocional,
un medio para contar historias y contar historias
es más interesante que casi cualquier otra
cosa. En este sentido, es un área de trabajo
muy rica. Uno utiliza partes de sí mismo que
no puede proyectar profundamente en otras actividades
del diseño”.
Es así que irrumpe en
el cine como un innovador por más de cinco décadas
en el campo de la comunicación audiovisual. Sus
primeros logros con los títulos fueron extensiones
de su creación de carteles de películas,
en lo que laboró al inicio de los cincuenta a su llegada
a Los Ángeles. Comenzó introduciendo el
movimiento a sus imágenes fijas, simplificó
formas y demostró una notable sensibilidad en
la creación de contrapuntos con la música
al hacer de sus secuencias animadas verdaderos prólogos
de los filmes anunciados, tal como lo manifiesta Martin
Scorsese:
“Bass modeló
secuencias de título, como un arte, creando en algunos
casos, como Vértigo de Hitchcock, un pequeño
film dentro de un film. Su composición gráfica
en movimiento funciona como un prólogo a la
película –estableciendo el tono, preparando
el ánimo y prefigurando la acción”.
Si uno se preguntara ¿era
indispensable la presencia del diseñador gráfico
para alcanzar estos resultados? La respuesta es la siguiente:
mientras por la mente del creador cinematográfico
discurren con facilidad las imágenes narrativas,
en la mente del creador gráfico las imágenes
se construyen esquemáticamente ante la imposibilidad
de contar con el tiempo, que solo está
abstraído y presente en el recorrido visual del
espectador. En el espacio gráfico fijo y aislado
paradójicamente los componentes icónicos
de la imagen representan sintéticamente el movimiento
y el tiempo, pero compensándola con una carga
de energía visual que en términos gestálticos
se conoce como bondad figural y pregnancia. Este ejercicio
constante de síntesis ha permitido a los diseñadores
gráficos, involucrados en esta tarea, lograr
con sus cortas secuencias alcanzar la esencia del mensaje
de la película, entregándola como obertura
ya sea poética, reflexiva, humorística,
irónica, descriptiva o terrorífica.
Bass en su trabajo con directores como Otto Preminger,
Alfred Hitchcock, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, Stanley
Kramer y Penny Marshall nos ha legado 53 obras de arte
en esta especialidad. Abrió una rica veta de
producción artística, un punto de encuentro
de dos industrias creativas y una escuela con seguidores
en diversos países, que continúan desarrollando
nuevas experiencias. Alcanzaron algunos reconocido
prestigio con obras galardonadas y apreciadas en la
industria cinematográfica, como Maurice Binder
y Daniel Kleinman con la serie James Bond, David Patie
y Fritz Freleng de la recordada Pantera Rosa en la década
de los sesenta, y en las más cercanas Kyle Cooper,
autor de los inquietantes títulos de Seven,
Mimic,
Spawn y La Isla del Dr. Moreau, e incluso en algunos
casos cualitativamente superiores a las películas
que presentaban. Otros como Jacob Trollbeck de R. Greenberg
Asociados, que diseñó los títulos
de Night Falls on Manhattan, recoge las enseñanzas
de Saul Bass y algunos la consideran un homenaje al
maestro, pues usa no solo la síntesis
peculiar mostrada en El Hombre de brazo de oro de 1955,
sino además comparte la misma partitura de jazz.
Titulares de presentación como los de Alien marcaron
también un nuevo estilo en esta especialidad,
llevando al espectador en muchos casos a la reflexión,
a la sorpresa , al misterio, provocando otras veces
sensación de peligro cercano o hasta inmersión
en sentimientos nostálgicos.
Bass ha dejado escuela y su influencia ha llegado a
la televisión y a los medios digitales, por lo
cual cada día se amplia más el campo de
experimentación. En esta oportunidad expondré
acerca de su trabajo con tres grandes directores y de
solo algunas de las secuencias de películas
que certifican la calidad de su obra.
Bass
y Otto Preminger
El tándem Preminger/Bass funcionó a pleno rendimiento
durante 25 años, hasta la última producción
del director austríaco: El factor humano
(1979), y abarcó filmes tan emblemáticos
como El hombre de brazo de oro (1955), Buenos días
tristeza (1958), Anatomía de un asesinato (1959),
Tempestad sobre Washington (1962) y El rapto de Bunny
Lake (1965). En todos ellos el diseñador hizo
gala de su particularísimo estilo, abstracto
y geométrico; un estilo que convulsionó
los tradicionales títulos de crédito y,
en cierto modo, se constituyó en pionero de la
nueva tendencia en el diseño cinematográfico
que buscaba provocar en el espectador una serie de reacciones
psicológicas y emocionales, preparándole
de este modo para la película que seguía.
Los dibujos animados en Anatomía de un asesinato
y El hombre de brazo de oro son, posiblemente, de los
más conocidos y fueron concebidos y producidos
bajo su primera regla: debían ser hechos de un
material diferente al de las películas. Él
reinventó el título del film por símbolos,
palabras e imágenes transformadas en ballet cinemático
en el tiempo y el espacio, que capturan perfectamente
el espíritu y la esencia de la película.
La trascendencia y relevancia de su trabajo se manifiesta
porque continúa tocando a los espectadores, y
porque sus ideas e imaginería apelan tanto a
las emociones como al intelecto. Mostró una disciplinada
creatividad, intensa y profunda exploración de
un suceso, tema o problema.
"Había una extraordinaria
precisión en el trabajo de Saul. Él
tenía el ojo paciente de un joyero, un sentido
preciso de la forma, y podía transmitir el
sentido de un film en un desarrollo corto de imágenes,
de modo convincente y riguroso. Había algo
de milagroso en la manera en que sus mejores secuencias
llegaban profundamente en el alma de los films que
presentaban, cristalizando toda su poesía y
preservando su misterio". (Martín Scorsese,
Cahiers du cinéma, 54, p. 40).
El
hombre de brazo de oro es un típico ejemplo de
sus primeros métodos de trabajo. Fue el primer
programa completo de diseño para una película,
unificando tanto los impresos como los gráficos
en los medios masivos publicitarios. Bass supo despojar
al diseño gráfico estadounidense de la
complejidad visual y redujo la comunicación a
una imagen pictográfica sencilla. Concibió
un brazo pictográfico grueso que empuja hacia
abajo sobre un rectángulo compuesto de barras
semejantes a lozas y después rodea el brazo con
el título de la película. En la secuencia
de introducción de la película se ve la
evolución de los elementos gráficos que
discurren por la pantalla al ritmo de la música
de Duke Ellington, componiendo pantallas equilibradas
de fuerzas controladas pero muy dinámicas, evolucionando
hasta culminar con el ícono gráfico del
tema de la película. Una sola imagen de gran
carga emocional (un brazo mellado como símbolo
de la adicción del personaje principal a la heroína)
condensa el tema o esencia de la película, y
va acompañada de tipografía expresamente
rotulada y asociada con su forma. Este trabajo del año
1955 revolucionó el mundo de la gráfica
animada al mostrar una vigorosa traslación de
la gráfica bidimensional a su forma cinética.
Con la irrupción del estilo moderno en sus carteles
para anunciar las películas, retó estéticamente
a los de la época, que casi siempre se producían
en el estilo pictórico realista.
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