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La publicidad siempre ha ido
de la mano del desarrollo de las economías de
los pueblos y se ha valido de innumerables estrategias
y de medios para persuadir al consumidor.
Las señales más antiguas las encontramos
en Egipto, Grecia y Roma donde ya empleaban medios como
las estelas, los pregoneros y los rótulos. Es
famoso Estentor, el animador griego que anunciaba a
los ganadores de los juegos olímpicos, cuya voz
, dice la leyenda, superaba a la de 50 hombres juntos;
de ahí que el adjetivo estentóreo proviene
de ese hecho.
Es conocido también que
los griegos desarrollaron mercados enormes, que como
el de Trajano en Roma, sirvieron para comercializar
miles de productos en espacios comparables con los grandes
shopping centers de Estados Unidos. Imagínense
un mercado solo para vender perfumes como el
Megalópolis de Grecia.
Siglos después, el imperio
de la publicidad se instala en Londres, donde la creatividad
sigue impresionando a la humanidad toda. Los ingleses
son los pioneros en una serie de técnicas y medios
para llegar al consumidor, el hombre sandwich que, cual
ambulante o pregonero gráfico, camina entre los
clientes. Estos ingleses hicieron la primera campaña de bien
público para luchar contra la peste, desarrollaron
la primera estrategia de merchandising para promover,
vía muñecos, sombreros y bastones, los
libros de Charles Dickens.
La creatividad publicitaria
manifestada en estas culturas fue la base de la era
moderna de la publicidad, donde el cine estaba en la
cresta de la ola y era muy bien aprovechado para hacer
publicidad y propaganda, ya que la fórmula mágica
de imagen y sonido, y la luz apagada, cautivaron a la
audiencia.
En Europa de los años
cincuenta existían numerosas salas con asistencia
regular de mucho público que iba a ver sus películas
y actores preferidos y, de paso, disfrutaba de anuncios
publicitarios fijos y filmados por realizadores con
experiencia de cineastas. Fue así que existían
dos asociaciones internacionales de cine publicitario:
ISAS, integrada por Ernest Pearl, Jacques Zadoc, Jo
Linten y Enrico Martini, y la ISPA por Jean Mineur,
Bill Annmet y Massimo Momigliano.
Ambas instituciones se unieron y organizaron el primer
festival en Venecia, en junio de 1952, que tuvo como objetivo
mostrar el cine publicitario como un medio poderoso
para promover la venta de productos y servicios. Fue
tan grande el éxito de este primer evento que
decidieron cambiar la sede cada año. El de 1954
fue en Montecarlo, el año siguiente se
reunieron en Cannes
y en 1956 lo hicieron nuevamente en Venecia.
Años más tarde
las asociaciones se juntaron, uniéndose también
cineastas publicitarios de todo el mundo, especialmente
de Japón, Argentina y Sudáfrica, entre
otros. Así
nació SAWA. ( Screen Advertising World Association)
para coordinar y seleccionar los anuncios publicitarios
para el festival.
La organización, más
consolidada, fijó las sedes en Cannes y Venecia,
elaboraron, nombraron jurados y establecieron la Palma
y el León como trofeos que reemplazaron a las
tradicionales copas que se usaban en las competencias
de la época.
A partir de 1971 la sede se fijó en Cannes, debido
a problemas de organización y económicos
que surgieron en Italia, y solo en 1983 el festival
volvió a Venecia para luego continuar en Francia
hasta la fecha.
En los años ochenta, por sugerencia de los Estados
Unidos y por la presión de jóvenes publicitarios
del mundo, se incorporó la categoría de
televisión a regañadientes de los organizadores,
que eran defensores de la pureza del festival que había
sido creado exclusivamente para cine publicitario. Los
comerciales se exhibían en vídeo y cine,
con monitores apostados al costado de la proyección
del viejo palacio, templo del festival.
En 1990 se incluyó la categoría Prees
& Poster para mostrar los mejores anuncios impresos.
En los últimos años se han incorporado
las categorías de Cyber Lions para premiar lo
mejor en nuevas tecnologías e internet.
La marca Cannes
Así como los cineastas del mundo aspiran a un Oscar
de Hollywood, los publicitarios, incluidos jóvenes
creativos y estudiantes , sueñan ser "tocados"
por los leones de Cannes. El hecho de ser finalista
en cualquier categoría constituye un honor para
sus creadores, pues se cuenta por miles la cantidad de
obras en concurso.
Evidentemente, el festival ha evolucionado desde su origen
como un encuentro entre destacados cineastas publicitarios,
a un evento que congrega a lo mejor de la industria
publicitaria mundial. Al comienzo, los jurados no pasaban
de 7 miembros, actualmente son más de 60 personas
aglutinados por categorías, quienes inicialmente
hacen una preselección denominada short-list;
luego evalúan las mejores piezas y determinan
los ganadores de los leones de Bronce, Plata y Oro.
Existe el Grand Prix que es
elegido entre todos los ganadores de León de
Oro, exceptuando las categorías de campañas
sociales y obras benéficas. También existe
un premio a la agencia del año, al anunciante
del año, otro otorgado por la Prensa y en el 2003,
para el 50 aniversario del festival, se incorporó el León de Titanio, destinado a aquella campaña
que, independientemente de su categoría, represente
una verdadera innovación publicitaria por su
idea, creación, desarrollo, etc.
En el 2003 participaron
más de 16.000 piezas provenientes la mayoría
de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Brasil, España,
Australia, Japón y Francia. Cabe mencionar que
algunas piezas ganadoras son las denominadas “truchos”,
aquellas que son producidas sólo para concursar,
cumpliendo los requisìtos mínimos de difusión
y a veces sin el consentimiento del anunciante. Los
organizadores como el jurado tienen mucho cuidado en
la selección y, si descubren que es un anuncio
fraudulento, censuran al ganador y le hacen devolver
el trofeo.
El valor que tiene un
galardón para una agencia es la posibilidad de
tener mayor
cantidad de anunciantes y a este último le
genera publicity a nivel mundial. La industria publicitaria
por su parte tiene en Cannes la oportunidad de ver y
analizar la evolución de la creatividad publicitaria
elaborada por los estrategas más brillantes del
planeta.
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