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Mirada y visión
Decíamos en el inicio
de nuestro análisis que nos había interrogado
en esta película la cuestión del deseo
femenino y el deseo masculino. Estuvimos trazando hasta
aquí, algunas diferencias y algunos entroncamientos.
No obstante, para poder concluir nuestro análisis,
aún restan algunas consideraciones finales. La
primera de ellas es respecto a la mirada y a la visión.
Hay una actitud que pertenece al campo femenino que
es la de cerrar los ojos, cerrar bien los ojos. Por
otro lado una postura típicamente masculina es
la de mirar. Quien mira está dislocado, está
en la posición de observador, porque mira de
fuera lo que sucede. Recordemos aquí la actitud
de Bill en cuanto observaba las distintas manifestaciones
de relaciones sexuales señaladas en el texto
fílmico: en el sueño de Alice, en la ceremonia
de las máscaras, en su propia fantasía.
La mujer cuando tiene contacto con el goce cierra los
ojos y, en este momento, es sorprendida por la visión.
[3]
Volvamos al análisis
de la escena que nos interrogó: Alice y Bill
delante del espejo. La mirada de la mujer busca lo que
está más allá del espejo, más
allá de los objetos, más allá de
las imágenes, lo que está más allá
del placer y, entonces, el goce le asalta en una visón
interior. En este momento su demanda es por un héroe
que la arrebate, la posea y la conduzca a su goce (de
ahí su fantasía con un oficial de la Marina,
imagen emblemática del héroe americano).
Es cuando se encuentra más próxima que
nunca de su amado, como ella misma revela en su relato.
En la escena, Alice no está mirando, está
viendo, teniendo una visión, algo que se localiza
más allá de la imagen en el espejo, lo
que nos remite al sentido del título del texto
fílmico: “Con los ojos bien cerrados”.
La disolución de la imagen en el espejo y el
posterior fade-out muestran esta dimensión que
estamos resaltando. Esto posibilita al sujeto un saber
que no es el de una simple mirada sino que está
más allá de la figura y pertenece al terreno
de la visión. El sujeto traspasa la superficie
del espejo y toca lo real.
Para encontrarse con la amada
en este ámbito que está más allá
del espejo, para saber del goce, Bill tuvo que recorrer
toda una travesía. La aventura del héroe
se situó, por lo tanto, en la transición
de la mirada a la visión. Para constituirse en
héroe Bill tuvo que superar algunas pruebas ya
señaladas anteriormente. Sin embargo, fue al
contemplar el rostro frío y bello de la mujer
muerta que algo desaparece definitivamente para Bill
y, por otro lado, le posibilita un saber que no es aquel
facilitado por el terreno de la mirada, sino que está
más allá de la figura y pertenece al terreno
de la visión. Es el saber del fondo, saber de
lo real. En un segundo momento la visión de
la máscara sobre la almohada también le
proporciona un saber que va más allá de
la mirada. Se produce una falta, una hendidura en el
universo narcisista. El paraíso imaginario en
el cual se había instalado con Alice se quiebra
y el deseo en lo imaginario cede paso al deseo en el
campo simbólico. En este sentido podemos trazar
un paralelo entre el rostro pálido y frío
de la mujer muerta y esta máscara sobre la cama.
En ambas nuestro héroe se mira y su contemplación
produce un efecto avasallador en el sujeto. Las dos
constituyen este lado, el reflejo de la imagen de su
Otro en el espejo y más allá de este.
Un lugar que supone un contacto con el horizonte de
la muerte.
En la secuencia final Alice
propone que tengan sexo urgentemente. Lo que podemos
leer de la siguiente manera: “Vamos a ver si tú,
a pesar de todas nuestras aventuras, reales o imaginarias,
aceptas mi deseo con todas sus implicaciones y no sales
corriendo como siempre”. [4]
En el final del film una promesa.
Promesa de que puede haber un relato para el sujeto,
de que hay un camino para acceder a un goce que pueda
tener sentido. En este punto el sujeto del espectador
se reconoce y se identifica en la trama. Más
allá del espejo, más allá del arco
iris, existe un lugar que le espera: el lugar del goce.
Referéncias
Bibliográficas
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estética. Valladolid: Caja España, 1997.
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_______ Seminário 3. La Psicosis. Barcelona:
Paidós, 1983.
_______ O Seminário 2. O eu na teoria de Freud
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_______ "En el principio fue el Verbo. Palabra versus
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Madrid: 1998, p. 8.
_______ "Frente al texto fílmico: el análisis,
la lectura. A propósito de El manantial de King
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Madrid: Editora Complutense, 1985, p.16.
_______ “El espectáculo del horror. Del
cine de terror al espectáculo de lo real”,
en Blanco García y Ana Isabel (ed): Mujer Violencia
y medios de comunicación. León: Universidad de León,
1996.
Requena, Jesús González y
Amaya Ortiz de Zárate. El espot publicitario, las metamorfosis
del deseo. Madrid: Cátedra, 1995.
Este artículo fue publicado originalmente y puede
ser encontrado en el sitio de la revista Trama
y Fondo, en el menú “Artículos
con trama” www.tramayfondo.com
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