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Por: Vanessa Brasil Campos Rodríguez* Página 6 de 6
 
 

Mirada y visión

Decíamos en el inicio de nuestro análisis que nos había interrogado en esta película la cuestión del deseo femenino y el deseo masculino. Estuvimos trazando hasta aquí, algunas diferencias y algunos entroncamientos. No obstante, para poder concluir nuestro análisis, aún restan algunas consideraciones finales. La primera de ellas es respecto a la mirada y a la visión. Hay una actitud que pertenece al campo femenino que es la de cerrar los ojos, cerrar bien los ojos. Por otro lado una postura típicamente masculina es la de mirar. Quien mira está dislocado, está en la posición de observador, porque mira de fuera lo que sucede. Recordemos aquí la actitud de Bill en cuanto observaba las distintas manifestaciones de relaciones sexuales señaladas en el texto fílmico: en el sueño de Alice, en la ceremonia de las máscaras, en su propia fantasía. La mujer cuando tiene contacto con el goce cierra los ojos y, en este momento, es sorprendida por la visión. [3]

Volvamos al análisis de la escena que nos interrogó: Alice y Bill delante del espejo. La mirada de la mujer busca lo que está más allá del espejo, más allá de los objetos, más allá de las imágenes, lo que está más allá del placer y, entonces, el goce le asalta en una visón interior. En este momento su demanda es por un héroe que la arrebate, la posea y la conduzca a su goce (de ahí su fantasía con un oficial de la Marina, imagen emblemática del héroe americano). Es cuando se encuentra más próxima que nunca de su amado, como ella misma revela en su relato. En la escena, Alice no está mirando, está viendo, teniendo una visión, algo que se localiza más allá de la imagen en el espejo, lo que nos remite al sentido del título del texto fílmico: “Con los ojos bien cerrados”. La disolución de la imagen en el espejo y el posterior fade-out muestran esta dimensión que estamos resaltando. Esto posibilita al sujeto un saber que no es el de una simple mirada sino que está más allá de la figura y pertenece al terreno de la visión. El sujeto traspasa la superficie del espejo y toca lo real.

Para encontrarse con la amada en este ámbito que está más allá del espejo, para saber del goce, Bill tuvo que recorrer toda una travesía. La aventura del héroe se situó, por lo tanto, en la transición de la mirada a la visión. Para constituirse en héroe Bill tuvo que superar algunas pruebas ya señaladas anteriormente. Sin embargo, fue al contemplar el rostro frío y bello de la mujer muerta que algo desaparece definitivamente para Bill y, por otro lado, le posibilita un saber que no es aquel facilitado por el terreno de la mirada, sino que está más allá de la figura y pertenece al terreno de la visión. Es el saber del fondo, saber de lo real. En un segundo momento la visión de la máscara sobre la almohada también le proporciona un saber que va más allá de la mirada. Se produce una falta, una hendidura en el universo narcisista. El paraíso imaginario en el cual se había instalado con Alice se quiebra y el deseo en lo imaginario cede paso al deseo en el campo simbólico. En este sentido podemos trazar un paralelo entre el rostro pálido y frío de la mujer muerta y esta máscara sobre la cama. En ambas nuestro héroe se mira y su contemplación produce un efecto avasallador en el sujeto. Las dos constituyen este lado, el reflejo de la imagen de su Otro en el espejo y más allá de este. Un lugar que supone un contacto con el horizonte de la muerte.

En la secuencia final Alice propone que tengan sexo urgentemente. Lo que podemos leer de la siguiente manera: “Vamos a ver si tú, a pesar de todas nuestras aventuras, reales o imaginarias, aceptas mi deseo con todas sus implicaciones y no sales corriendo como siempre”. [4]

En el final del film una promesa. Promesa de que puede haber un relato para el sujeto, de que hay un camino para acceder a un goce que pueda tener sentido. En este punto el sujeto del espectador se reconoce y se identifica en la trama. Más allá del espejo, más allá del arco iris, existe un lugar que le espera: el lugar del goce.


Referéncias Bibliográficas
Arias, Luis Martín. El cine como experiencia estética. Valladolid: Caja España, 1997.

Freud, Sigmund. Edição Eletrônica das Obras Psicológicas Completas. Río de Janeiro: Imago, 1999

Kristeva, Julia. Historias de Amor. Río de Janeiro: Paz e Terra, 1988.

Lacan, Jacques. Escritos 2. México: Siglo XXI, 1993.
_______ La Relación de Objeto. El Seminario 4. Barcelona: Paidós, 1994.
_______ Seminário 3. La Psicosis. Barcelona: Paidós, 1983.
_______ O Seminário 2. O eu na teoria de Freud e na técnica da Psicanálise. Río de Janeiro: Jorge Zahar, 1995.

Novaes, Adauto org. O Desejo. Sao Paulo: Companhia das Letras, 1990.

Nasio, Juan D. El Magnífico Niño del psicoanálisis (El concepto de sujeto y objeto en la teoría de Jacques Lacan). Buenos Aires: Gedisa, 1985.

Requena, Jesús González. “Texto onírico, texto artístico”. Tekné, Revista de arte. Año 1, núm. 1. Madrid: Encuentro, 1985, p. 116,
_______  "Enunciación, punto de vista, sujeto".  Contracampo 42. Madrid: 1987
_______  "En el principio fue el Verbo. Palabra versus Signo". Trama y Fondo. Año 1, núm. 5. Madrid: 1998, p. 8.
_______  "Frente al texto fílmico: el análisis, la lectura. A propósito de El manantial de King Vidor”. El análisis cinematográfico. Madrid: Editora Complutense, 1985, p.16.
_______  “El espectáculo del horror. Del cine de terror al espectáculo de lo real”, en Blanco García y Ana Isabel (ed): Mujer Violencia y medios de comunicación. León:  Universidad de León, 1996.

Requena, Jesús González y Amaya Ortiz de Zárate. El espot publicitario, las metamorfosis del deseo. Madrid: Cátedra, 1995.



Este artículo fue publicado originalmente y puede ser encontrado en el sitio de la revista Trama y Fondo, en el menú “Artículos con trama” www.tramayfondo.com


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