| En la escena
siguiente Bill y su mujer están sobre la cama.
Ella, recostada, aspira el humo del cigarrillo de marihuana,
con los ojos bien cerrados. (Fig.
9) A continuación, se inicia un diálogo
donde quedan evidentes las sospechas de ambos sobre
una posible traición durante la fiesta. La escena
trae una interpelación latente que podría
ser traducida de la siguiente manera: ¿continúas
deseándome?, ¿tu mirada aún es para mí?,
si me deseas ¿por qué me deseas? Es interesante
destacar que Alice pronuncia las palabras tan lentamente
como si las deletrease, saboreando cada una de ellas,
como si quisiera fijarlas en el tiempo y en el espacio.
El diálogo sigue en ritmo cadencioso. La mujer
narra a su marido cómo el húngaro le había
propuesto mantener relaciones sexuales. En respuesta
a esta revelación Bill contesta con un frío
comentario: “me parece comprensible”. Es
decir, para Bill el hecho es perfectamente inteligible,
pues él entiende perfectamente el deseo del seductor.
Pero no nos olvidemos, están hablando de sexo.
Como bien señala Requena, este es un terreno
que está lejos de ser el de la comprensión,
y sí de lo que no se comprende.
Asimismo, es interesante resaltar
la importancia del elemento marihuana, droga
conocida por provocar la evasión de la
realidad. Alice, como adelantamos, nos va a introducir
en su experiencia, auxiliada por el contacto con la
marihuana. En otras palabras, la evasión de la
realidad le permite poder nombrar su experiencia de
lo real y en lo real. Así, el texto fílmico
nos proporciona elementos para destacar la dualidad
real & realidad.
“Lo real está
ahí. Es. Con independencia de toda conciencia
que pretenda pensarlo. Se diferencia netamente, por
eso, de esa otra cosa que llamamos la realidad: el mundo
en tanto ordenado, pensable, inteligible para esa especie,
la nuestra, que se obceca en pensarlo”. (Requena,
1998, p. 8)
Según el autor, lo Real
es la fuente de energía por excelencia, y ¿en
qué lugar esto se articula mejor que en el campo
sexual? Ella está hablando de sexo. Luego está
nombrando un terreno en el que nada es comprensible,
previsible, explicable, inteligible. ¿Qué
espera Alice oír de su marido? Quiere otra palabra,
en absoluto “comprensible”. La pregunta
que está latente en la demanda de esta mujer,
sea lo que sea, tiene relación con esta cama
donde yace, pero también la trasciende, la sobrepasa,
va más allá. Un análisis precipitado
de la secuencia puede llevernos a pensar: esta mujer,
sobre esta cama, fumando marihuana, está en busca
del placer. Sin embargo, no pasa de una conclusión
desprovista de reflexiones, ya que el goce, lo sabemos
desde Freud, no es el placer. No es, por tanto, el placer
lo que Alice está demandando, sino aquello que
está más allá del placer: el goce.
“El goce no es,
después de todo, otra cosa que el ámbito
de la experiencia del sujeto: experiencia de carencia,
de la inanidad esencial de todo objeto de deseo, de
su incapacidad de rellenar la grieta del sujeto. Así,
el precio del acceso al goce es siempre la herida
narcisista: solo hay goce allí donde
el Yo del sujeto conoce cierta quiebra, donde, en
suma, lo real emerge cuando lo imaginario se resquebraja
–de ahí que el goce suponga siempre
el contacto con el horizonte de la muerte.” (Requena
y Zárate, 1995, p. 47)
El film comprueba esta afirmación
en términos visuales, pues Alice se incorpora
de esta cama subrayada por su cobertor rojo (color de
la seducción, del placer), lugar emblemático
del encuentro de la pareja, colocándose de pie
ante la mirada atónita de su marido. Va a posicionarse
en un terreno que se sitúa más allá
del placer, colocándose fuera de la cama.
Se sitúa en el umbral
de una puerta, elemento femenino que constituye un pasaje,
una abertura para otro lado. (Fig.
10) En esta escena, la puerta describe una composición
en rectángulo que, a su vez, enmarca otro rectángulo
interior definido por una ventana, cuyo azul profundo
convida a la reflexión, a la introspección.
No podemos dejar de destacar esta oposición cromática
rojo & azul. Se trata de un juego de contrarios
presente en todo el film: los tonos cálidos que
van de los rosáceos, anaranjados al rojo vivo
frente a los tonos fríos que se presentan desde
los lilas al azul más profundo. En términos
visuales, el gesto de Alice nos revela una salida del
plano de lo imaginario para adentrarse en otro terreno
donde pueda nombrar su experiencia, que siempre es,
como resaltamos anteriormente, experiencia de y en lo
real.
El matrimonio traza algunas
consideraciones sobre celos y traición en cuanto
Alice se sitúa significativamente de espaldas
a un espejo, elemento que constituye la metáfora
de lo imaginario. (Fig.
11) “¡Si vosotros, los hombres, supiéseis!”,
afirma proféticamente. Esta frase puede ser leída
de la siguiente forma: “si vosotros, los hombres,
supiéseis lo que nosotras, mujeres, sabemos...”.
“Si vosotros, hombres, supiéseis lo que
es una mujer, lo que desea una mujer...”
Se sienta en el suelo. Gesto
extremo, donde el abandono del universo narcisista está
subrayado en esta postura de Alice. (Fig.
12) Ella desciende del pedestal de mujer adorada
y se muestra en toda su singularidad, en su feminidad.
Lo que la mujer, y aquí nombramos al sexo femenino,
realmente sabe (y cuando decimos saber, nos referimos
al sujeto del inconsciente) es de su posición
de goce. Este es el punto radical de la mujer: su herida.
Para poder entregarse, la mujer debe entregarse a alguien
que la conduzca en su experiencia del goce. Goce que
supone el contacto con lo real.
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