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Por: Vanessa Brasil Campos Rodríguez* Página 1 de 6
 
 

Alice en el espejo

¿Cuál es el problema de partida del film Eyes Wide Shut, este fabuloso réquiem cinematográfico de Stanley Kubrick? Lo que nos interroga en el análisis que vamos a desarrollar es la cuestión del deseo. Hablaremos de un hombre y una mujer marcados en el campo del deseo. ¿Qué desea una mujer? ¿Qué desea un hombre? En este sentido, resulta profundamente intrigante la escena en la que la protagonista Alice Harford (Nicole Kidman) y su marido Dr. William –Bill– Harford (Tom Cruise), están delante del espejo. Él la besa mientras ella abre bien los ojos y parece fijarlos profundamente en su reflejo sobre la superficie especular.
(Fig. 1) Las imágenes del hombre y de la mujer enmarcadas por el espejo se entrelazan en un enigmático abrazo, donde el rostro masculino se va eclipsando detrás de la figura de Alice, mientras la cámara va cerrando el encuadre con un movimiento lentísimo en dirección a esa mirada femenina que nos interroga. ¿Hacia dónde mira? ¿Qué ve? No nos olvidemos de que se trata de la imagen de una imagen. La cámara enfoca la imagen especular que nos conduce, nos lleva, cual indefensos conejos blancos, a través del mundo de Alice para transportarnos al otro lado del espejo. Se trata de un sutil movimiento de aproximación mediante el cual vamos penetrando, como auténticos voyeurs, en el interior de este universo enigmático.

Justamente ahí, en el cruzamiento de la mirada de Alice con la nuestra, en este punto que parece atravesar la superficie misma del espejo, localizamos el punto de ignición. Pero este es un punto de partida que también es un punto de llegada. Por esta razón aún es pronto para detenernos en esta escena, preferimos reservarla para el final de nuestro trayecto, cuando estaremos enriquecidos por el proceso de análisis.

Las primeras escenas del film nos muestran a Alice y Bill preparándose para la fiesta de fin de año en la mansión de los Ziegler. El inmenso y bien decorado apartamento de la pareja nos remite a un laberinto de espejos, delante de los cuales los protagonistas desfilan, lánguidos, bellos e inaccesibles. En el salón de la casa, perfectamente decorado para la navidad, la hija juega con la niñera, componiendo así la imagen de una familia ejemplar. La idea de la perfección del universo imaginario marca las primeras secuencias del film, y se ve reforzada en la fiesta por la atmósfera saturada de luces, tonos cálidos y movimientos circulares de cámara que contribuyen para inebriar al espectador. En cuanto Alice desliza su cuerpo por el salón, en un envolvente baile con un seductor húngaro, Bill se deja llevar del brazo por dos modelos que le prometen un paseo hasta el fin del arco iris. (Fig. 3 y Fig. 4) Por cierto, el elemento arco iris es, como veremos más adelante, una metáfora que hará su aparición en otros momentos del relato.

No obstante, el encantamiento del universo imaginario [1] se rompe súbitamente con la escena del cuarto de baño. El anfitrión, Victor Ziegler (Sidney Pollack) se abotona los pantalones mientras, extendido sobre un sillón rojo, reposa inerte el cuerpo de una bella mujer, víctima de sobredosis. Bill es llamado para liberarla de los brazos de la muerte y, así, salvar la piel de su cliente.

(Fig. 5) Un gran cuadro colgado en la pared del cuarto de baño reproduce una escena semejante con una mujer yaciendo en un sillón rojo, lo que subraya y refuerza la figura femenina. (Fig. 6)

La herida

Tras algunas escenas con actividades rutinarias del matrimonio Harford después de su retorno al apartamento, el film va a brindarnos una de las secuencias más densas de la historia reciente del cine. A modo de prólogo para dicha secuencia, la película nos ofrecerá una pequeña escena bastante significativa. Alice, tras mirarse en el espejo del pequeño armario del lavabo, abre la puerta y escoge un frasco entre los muchos allí guardados. (Fig. 7) Se trata de una latita de curativos adhesivos Band-aid. (Fig. 8)
Localizamos aquí la inscripción de una herida en el punto de partida de la secuencia. La presencia de este elemento nombra muy bien una carencia en Alice. Algo le falta, le produce una herida. Detrás del espejo, alguna cosa que estaba oculta aparece. La lata de curativos es un escondite, pues al contrario de los conocidos cicatrizantes, nos revela otro contenido: algunos gramos de marihuana. ¿Para qué sirve un curativo si no es para ayudar a curar, a cicatrizar heridas? Para nombrar su herida, la mujer recorre a la marihuana, que está ocupando justamente el lugar de los curativos. Se trata pues, de un prólogo para lo que vendrá. Alice va a introducirnos en su relato, va a llevarnos al mundo de sus fantasías, de sus deseos, nuevamente a través del espejo.


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