| En 1956, el
joven Andrei Tarkovski, aún alumno de la Escuela
de Cine de Moscú, decidió adaptar el relato
Los asesinos, de Ernest Hemingway, para cumplir
con un trabajo de estudios. Lo hizo bajo la supervisión
de su maestro Mijail Romm y la colaboración de
otros estudiantes de la escuela. El mismo Andrei apareció
en un pequeño papel secundario.
Demás está decir
que el relato de Hemingway, publicado por primera vez
en 1927, es ejemplar del estilo del escritor norteamericano,
y que ya había sido llevado al cine, en 1946,
por Robert Siodmak. El resultado fue una notable película
negra, llena de atmósfera y misterio, pero infiel
al espíritu y a la letra del original literario.
¿Por qué Tarkovski se interesó
en ese relato? ¿Qué encontró el
joven cineasta en ese texto escueto y preciso, en ese
modelo de narración sin retórica ni adornos?
¿Qué le llevó a elegir ese cuento
breve pero intenso, modélico de una tradición
narrativa tan ajena a su cultura rusa, tan querida?
Es muy difícil saber
las respuestas, sobre todo ahora que Tarkovski ya no
está y que no se encuentran en sus textos o entrevistas
respuestas concluyentes al respecto. Sólo quedan
explicaciones insuficientes de compañeros de
su época estudiantil, como Alexander Gordon,
que no explican las razones de la opción por Los asesinos.
Por eso, en este texto especulamos
con las causas de la elección de Los asesinos.
Este es, pues, un ejercicio hipotético, una suma
de suposiciones y, por eso, caprichoso. Imaginamos aquí
los intereses iniciales de un autor a la luz de lo que
hizo luego, mirando las raíces de una obra que
años más tarde dio frutos maduros e importantes.
Mario Vargas Llosa ha analizado
rasgos centrales de la escritura de Hemingway y de su
técnica narrativa.
" En alguna parte, Ernest
Hemingway cuenta que, en sus comienzos literarios, se
le ocurrió de pronto, en una historia que estaba
escribiendo, suprimir el hecho principal: que su protagonista
se ahorcaba. Y dice que, de este modo, descubrió
un recurso narrativo que utilizaría con frecuencia
en sus futuros cuentos y novelas. En efecto, no sería
exagerado decir que las mejores historias de Hemingway
están llenas de silencios significativos, datos
escamoteados por un astuto narrador que se las arregla
para que las informaciones que calla sean sin embargo
locuaces y azucen la imaginación del lector,
de modo que éste tenga que llenar aquellos blancos
de la historia con hipótesis y conjeturas de
su propia cosecha. Llamemos a este procedimiento 'el
dato escondido' y digamos rápidamente que, aunque
Hemingway le dio un uso personal y múltiple (algunas
veces, magistral), estuvo lejos de inventarlo, pues
es una técnica vieja como la novela y que aparece
en todas las historias clásicas (…) ¿Recuerda
usted ese cuento magistral, acaso el más célebre
de Hemingway, llamado " Los asesinos”? Lo
más importante de la historia es un gran signo
de interrogación: ¿por qué quieren
matar al sueco Ole Andreson ese par de forajidos que
entran con fusiles de cañones recortados al pequeño
restaurante Henry's de esa localidad innominada? ¿Y
por qué ese misterioso Ole Andreson, cuando el
joven Nick Adams le previene que hay un par de asesinos
buscándolo para acabar con él, rehúsa
huir o dar parte a la policía y se resigna con
fatalismo a su suerte? Nunca lo sabremos. Si queremos
una respuesta para estas dos preguntas cruciales de
la historia, tenemos que inventárnosla nosotros,
los lectores, a partir de los escasos datos que el narrador
omnisciente e impersonal nos proporciona: que, antes
de avecindarse en el lugar, el sueco Ole Andreson parece
haber sido boxeador, en Chicago, donde algo hizo (algo
errado, dice él) que selló su suerte.»
(Vargas Llosa, Mario. “El dato escondido")
La explicación de Vargas
Llosa alude a una técnica literaria, la del "dato
oculto" o "dato escondido" que luce,
brillante, en Los asesinos de Hemingway.
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