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Andrei Tarkovski
 
 
Por: Ricardo Bedoya* Página 1 de 4
 
 
En 1956, el joven Andrei Tarkovski, aún alumno de la Escuela de Cine de Moscú, decidió adaptar el relato Los asesinos, de Ernest Hemingway, para cumplir con un trabajo de estudios. Lo hizo bajo la supervisión de su maestro Mijail Romm y la colaboración de otros estudiantes de la escuela. El mismo Andrei apareció en un pequeño papel secundario.

Demás está decir que el relato de Hemingway, publicado por primera vez en 1927, es ejemplar del estilo del escritor norteamericano, y que ya había sido llevado al cine, en 1946, por Robert Siodmak. El resultado fue una notable película negra, llena de atmósfera y misterio, pero infiel al espíritu y a la letra del original literario.

¿Por qué Tarkovski se interesó en ese relato? ¿Qué encontró el joven cineasta en ese texto escueto y preciso, en ese modelo de narración sin retórica ni adornos? ¿Qué le llevó a elegir ese cuento breve pero intenso, modélico de una tradición narrativa tan ajena a su cultura rusa, tan querida?

Es muy difícil saber las respuestas, sobre todo ahora que Tarkovski ya no está y que no se encuentran en sus textos o entrevistas respuestas concluyentes al respecto. Sólo quedan explicaciones insuficientes de compañeros de su época estudiantil, como Alexander Gordon, que no explican las razones de la opción por Los asesinos.

Por eso, en este texto especulamos con las causas de la elección de Los asesinos. Este es, pues, un ejercicio hipotético, una suma de suposiciones y, por eso, caprichoso. Imaginamos aquí los intereses iniciales de un autor a la luz de lo que hizo luego, mirando las raíces de una obra que años más tarde dio frutos maduros e importantes.

Mario Vargas Llosa ha analizado rasgos centrales de la escritura de Hemingway y de su técnica narrativa.

" En alguna parte, Ernest Hemingway cuenta que, en sus comienzos literarios, se le ocurrió de pronto, en una historia que estaba escribiendo, suprimir el hecho principal: que su protagonista se ahorcaba. Y dice que, de este modo, descubrió un recurso narrativo que utilizaría con frecuencia en sus futuros cuentos y novelas. En efecto, no sería exagerado decir que las mejores historias de Hemingway están llenas de silencios significativos, datos escamoteados por un astuto narrador que se las arregla para que las informaciones que calla sean sin embargo locuaces y azucen la imaginación del lector, de modo que éste tenga que llenar aquellos blancos de la historia con hipótesis y conjeturas de su propia cosecha. Llamemos a este procedimiento 'el dato escondido' y digamos rápidamente que, aunque Hemingway le dio un uso personal y múltiple (algunas veces, magistral), estuvo lejos de inventarlo, pues es una técnica vieja como la novela y que aparece en todas las historias clásicas (…) ¿Recuerda usted ese cuento magistral, acaso el más célebre de Hemingway, llamado " Los asesinos”? Lo más importante de la historia es un gran signo de interrogación: ¿por qué quieren matar al sueco Ole Andreson ese par de forajidos que entran con fusiles de cañones recortados al pequeño restaurante Henry's de esa localidad innominada? ¿Y por qué ese misterioso Ole Andreson, cuando el joven Nick Adams le previene que hay un par de asesinos buscándolo para acabar con él, rehúsa huir o dar parte a la policía y se resigna con fatalismo a su suerte? Nunca lo sabremos. Si queremos una respuesta para estas dos preguntas cruciales de la historia, tenemos que inventárnosla nosotros, los lectores, a partir de los escasos datos que el narrador omnisciente e impersonal nos proporciona: que, antes de avecindarse en el lugar, el sueco Ole Andreson parece haber sido boxeador, en Chicago, donde algo hizo (algo errado, dice él) que selló su suerte.» (Vargas Llosa, Mario. “El dato escondido")

La explicación de Vargas Llosa alude a una técnica literaria, la del "dato oculto" o "dato escondido" que luce, brillante, en Los asesinos de Hemingway.


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