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Superar las limitaciones
Como lo señalamos antes, a
diferencia de la operación Tormenta del Desierto de
1991, donde la CNN fue prácticamente la única cadena
televisiva dedicada a reportar al mundo lo que sucedía
en tiempo real, la democratización de la tecnología y
una mayor apertura del gobierno iraquí permitieron que
otros medios de comunicación, no solo de países
europeos sino de todas las partes del mundo, pudieran
enviar sus reporteros a Irak.
Si le sumamos a internet como
un nuevo medio de comunicación de bajo costo que puede
transmitir información a todo el mundo, el menú
informativo se volvió rico y variado. En Latinoamérica,
países como México, Brasil, Argentina y Chile contaron
con corresponsales propios. Inclusive, dos argentinos
fueron parte de la lista de los periodistas caídos en
Irak.
La pluralidad de fuentes de
información contribuyó a que la población
latinoamericana nunca se contagiara del entusiasmo de
las cadenas informativas estadounidenses. La CNN se
convirtió solo en una de las cadenas que enviaba
información de Irak. Sucesivas encuestas publicadas a
través de todo el desarrollo del conflicto revelaban
que entre el 85.8% y el 69.7% de los limeños se
opusieron a la guerra de inicio a fin [42].
Pero, ¿qué hacer para salir del hoyo del interés
nacional, el cual nos empuja a brindar una cobertura
parcializada de los conflictos? Como dijimos al
comienzo, la prensa puede optar por otro camino. Para lo
cual tendría que mantener una distancia prudencial de
los intereses de ambas partes con el fin de proponer
soluciones y evitar que el conflicto continúe
escalando. Johan Galtung, uno de los más grandes
estudiosos de la violencia, en un artículo denominado
“Cuando fracasan las negociaciones”, ha formulado su
preocupación por la manera en cómo la prensa se
equivoca al abordar un conflicto y se convierte en parte
de la propaganda interesada de alguna de ambas partes [43].
Entre otros puntos, Galtung denuncia cómo se
descontextualiza la violencia. En otras palabras, se
enfoca la violencia sin relacionarla con sus causas económicas,
políticas o culturales. También observa que en la
cobertura, se tiende a simplificar el conflicto,
presentarlo como una disputa de dos partes y en forma
maniquea decir que unos son los “malos” y otros los
“buenos”.
Además, rechaza aquellas
coberturas periodísticas de las acciones individuales
de la violencia que rehuye dar explicaciones
estructurales, o de los factores que influyen en la
violencia.
El académico noruego también
censura las formas en que los medios acentúan la imagen
de la guerra en el campo de batalla y se olvidan de
cubrir los efectos directos de los conflictos: los huérfanos,
las viudas o problemas generados por estos: caos
administrativo, hambre, destrucción, enfermedades.
Una lección clara que nos dejó
este conflicto iraquí es que la globalización de la
información y, en especial, la cobertura televisiva
puede servir tanto para unir como para dividir.
Para finalizar, deseo dejar
constancia de la importancia de discutir el tema de la
cobertura informativa de los conflictos armados. Nuestro
país pasó un largo período de violencia política en
la década del ochenta y parte del noventa. Sin embargo,
poco o nada se ha discutido acerca de una política
informativa que los propios diarios, estaciones de TV o
radio debían observar al momento de cubrir un conflicto
violento. Otros medios de comunicación como El
Tiempo de Bogotá han reflexionado acerca del
tratamiento informativo sobre la violencia. Como
producto de dicho estudio, se ha publicado un manual
para que los reporteros conozcan cómo cubrir la
información de un conflicto armado [44].
Para la prensa peruana, esta es una tarea pendiente.
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