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Imágenes vs. información
Como decía un crítico de Los Angeles Times,
es muy difícil mandar un reporte donde se critica a tus guardianes si es que
compartes con ellos el café de cada mañana y todas las grandes emociones que
significa una guerra. Definitivamente, los “periodistas incrustados” podrán
haber ganado la posibilidad de realizar notas exclusivas desde el campo de
batalla, pero perdieron la saludable independencia y distancia crítica que
debieron conservar.
Tal vez la mayor crítica que le puede hacer a los
“periodistas incrustados” es que, al final, los repetitivos reportes de las
imágenes transmitidas cada media hora eran solo “una pequeña tajada de la
realidad y no reflejaba ‘la gran foto’ de lo que ocurría en la guerra” [20].
En otras palabras, se sobredimensionaba las imágenes espectaculares del campo
de batalla y se olvidaba o ponía poca atención a la dimensión política, económica,
social del conflicto armado.
Ni siquiera los especialistas invitados en los
estudios de televisión pudieron balancear esta grave distorsión. Varios
expertos militares utilizaron metáforas deportivas para explicar el desarrollo
de la guerra. No sorprendió cuando el analista castrense David Christian de la Fox
News declaró que Irak iba a ser el gran “Super Tazón”, el clásico
juego anual de fútbol americano [21]. El
especialista Tood Gitlin precisa: “Como Von Clausewitz nos dijo, las noticias
de la guerra –como la información política– son la continuación de los
deportes por otros medios. Así la mayor parte de la prensa está interesada en
temas como ¿quién está ganando?, ¿quién sigue?, ¿quién tiene más ímpetu?
Luego los comentaristas se dedican a reducir las batallas a un campo de juego,
donde ellos imparten explicaciones al estilo de los entrenadores que imparten tácticas
[22]”.
La verdad es que el utilizar las metáforas deportivas
en una guerra ayuda a quitar el dramatismo humano que tiene el conflicto bélico.
Además, sirve para no explicar las preguntas más transcendentes como ¿para qué
una guerra con Irak? ¿qué intereses económicos estamos defendiendo?, ¿qué
proyecto de país queremos construir con Irak? ¿dejaremos realmente un Irak
libre cuando la gran mayoría tiene un espíritu nacionalista-religioso
antiestadounidense?
Un estudio de Fairness and Accuracy in Reporting
indicó que el 76% de los invitados eran militares retirados y solo uno era un
declarado opositor a la guerra a finales de enero y comienzos de febrero. De
esta tendencia ni siquiera se libró el liberal Washington Post quien, de
acuerdo a un análisis de Gitlin en The American Prospect, halló que las
opiniones a favor de la guerra eran de 3 a 1 sobre aquellos que se oponían al
conflicto bélico en Irak [23].
Un estudio más completo realizado a 1, 617 personas
que se colocaron frente a las cámaras en las tres primeras semanas de la guerra
reveló que el 64% de los entrevistados eran simpatizantes de la guerra y los
antibelicistas solo alcanzaban al 10% de las fuentes de información [24].
La censura de las cadenas noticiosas estadounidenses
fue tal que inclusive la madre del soldado Joseph Hudson, quien cayó prisionero
en Irak, tuvo que enterarse de la suerte de su hijo a través de un canal
internacional de cable de la televisión filipina transmitida en Texas.
En resumen, los ciudadanos estadounidenses no pudieron
contar con una fuente independiente de información. Tampoco tuvieron acceso a
los datos históricos, políticos y sociales que le dan sentido a los hechos, ni
estuvieron expuestos a fuentes plurales de información que buscaban explicar el
desarrollo de la guerra [25]. Tal vez el corresponsal
Paul McEnroe del Minneapolis Star Tribune obtuvo la respuesta más franca
acerca de la necesidad de que su país cuente con “periodistas incrustados”.
Cuando las fuerzas aliadas estaban a una hora de Bagdad, un sargento le dijo:
“Estados Unidos necesita contrarrestar la información que brinda Al-Jazeera a
Occidente [26]”. A continuación veremos las
consecuencias en la opinión pública.
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