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Por: Fabián Vallas* Página 3 de 7
 
 

Como solo el 19% de la población se informa acerca de la guerra preferentemente por la prensa escrita [10], el sistema de control informativo estadounidense parece tolerar una posición crítica de los diarios como The New York Times y The Washington Post, aunque debido al espíritu de patriotismo y nacionalismo [11] que impera en Estados Unidos tras los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, estos espacios son cada vez más escasos en los grandes medios de comunicación.

La estrecha relación de las grandes cadenas de noticias con los mecanismos de poder político de Washington ya ha sido ampliamente descrita[12]. Pero pocas denuncias tan concretas se presentaron en los últimos años como la realizada por el periodista Alexander Cockbum en su artículo “La operación psicológica del personal del ejército estadounidense en la CNN”, ganador de uno de los premios de “Las diez historias más censuradas del 2000” de la Universidad Estatal de Sonoma, en California [13].

La investigación denunció cómo el personal del Grupo de Operaciones Psicológicas de Fort Bragg, en Carolina del Norte, se entrenó en la sede principal de la CNN en Atlanta. Para ser específicos, el personal militar se adiestró en cómo producir noticias durante la guerra de Kosovo [14].

¿Periodistas o militares?

Pero, la novedad de este conflicto fueron, como señalamos, los “periodistas incrustados”. Existieron varios motivos para el surgimiento de esta nueva clase de hombres de prensa disfrazados de militares. En primer lugar, tal como señalamos, existe la necesidad de aprender a desplazarse en un campo lleno de los peligros propios de cualquier enfrentamiento armado.

Al mismo tiempo, existe una imperiosa necesidad de las grandes cadenas de televisión de brindar la imagen del conflicto armado desde la primera línea de fuego para mostrar “la historia en marcha”. Esto no podría ser posible sin los últimos desarrollos técnicos implementados en esta oportunidad, como las pequeñas cámaras de video, la transmisión instantánea vía satélite por computadora y videófono. Sin estas facilidades técnicas, los periodistas no podrían cubrir las incidencias del avance de las largas columnas de blindados aliados por las arenas del desierto iraquí [15]. Ni siquiera los altos costos económicos para transmitir el conflicto en tiempo real detuvieron a las grandes cadenas televisivas. Se estima que solo los primeros días de la guerra cada cadena gastó un millón de dólares diarios [16].

Esta imperiosa urgencia de transmitir imágenes de combate impulsó a los periodistas a colocarse en la primera línea de fuego. En el conflicto, al menos 16 hombres de prensa pagaron con su vida la búsqueda de imágenes vívidas de los combates. La gran mayoría de los caídos eran hombres de prensa que actuaban por su propio riesgo.

Otro factor que empuja a los periodistas a arriesgar su vida es la nueva competencia para transmitir noticias en tiempo virtual a través de internet. Si antes el periodista de un medio impreso tenía –muchas veces– horas para confirmar una noticia en el campo de batalla ahora solo tiene minutos. El deber de transmitir información impactante minuto a minuto a los portales de noticias de internet obliga a los periodistas a actuar más cerca de los comandos de operaciones.

Así murió Julio Aguita Parrado de El Mundo, de España, poco después de enviar la primicia para su página web acerca de la entrada de las tropas estadounidenses al palacio presidencial de Bagdad.

Lamentablemente, este nuevo rol de los periodistas, en el cual se vuelven fácilmente objetivos militares, no ha ido de la mano con una mayor difusión del derecho humanitario

Guerra aséptica

No obstante, en la primera parte del conflicto, los “periodistas incrustados” transmitieron una versión aséptica de la guerra, sobre todo cuando las columnas de blindados estaban camino a Bagdad.

Los reporteros podían realizar coloridas notas sobre la vida de los soldados y los rigores militares. También podían tomar imágenes de los tanques disparando o de los lanzamientos de los misiles. Pero casi nunca lograban transmitir las consecuencias de esos disparos, si llegaban a su blanco, erraban o impactaban por error en civiles.

Según un estudio del Project for Excellence in Journalism , de 40.5 horas de cobertura de las cadenas ABC, CBS, NBC, CNN y Fox News al comienzo del conflicto, encontraron que la mitad de los “periodistas incrustados” transmitieron acciones de combate, pero ninguna nota acerca de los blancos alcanzados. Más avanzada la guerra fueron raras las imágenes de iraquíes muertos [17]. “Había una extraordinaria demostración pirotécnica del fuego de artillería, pero ninguna información de los miles de soldados iraquíes que decían que habían sido alcanzados” [18]. Como indicó un columnista del Time, Joe Klein, las cadenas televisivas transmitían imágenes para una televisión “apta para todos” [19]. En realidad, cualquier película de serie B de guerra realizada en Hollywood tenía más imágenes de muertos que la propia cruda realidad. La idea de los medios de comunicación era transmitir la imagen de una guerra aséptica que no fuera cuestionada por la opinión pública estadounidense.

Otro de los evidentes problemas es que, finalmente, los “periodistas incrustados” terminaron con una variación del Síndrome de Estocolmo, al renunciar a toda su independencia en la cobertura informativa, para identificarse plenamente con los efectivos militares que los protegían.

 

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