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La guerra con Irak del 2003
A diferencia de la operación
Tormenta del Desierto de 1991, donde la CNN fue prácticamente
el único medio de comunicación televisivo con alcance
para reportar al mundo en tiempo real la democratización
de la tecnología en el mundo que trae la globalización
y la mayor apertura del gobierno de Bagdad con respecto
a la prensa, en el 2003 se permitió que una gran
cantidad de medios de comunicación pugnaran por cubrir
la guerra desde el mismo Irak.
Se calcula que alrededor de
500 a 600 hombres de prensa acompañaban a las fuerzas
aliadas por lo que recibieron el nombre de
“periodistas incrustados” en las fuerzas
estadounidenses. Otros 140 se encontraban con las tropas
británicas, mientras que 300 periodistas independientes
trabajaban desde el hotel Palestina del centro de Bagdad
[3].
Los “periodistas
incrustados” fueron entrenados en tres campamentos
militares organizados por el ministerio de Defensa en
Fort Benining, Georgia y la base Aérea de McGuire de
Nueva Jersery a partir de enero del 2003. Si bien la
idea era preparar al hombre de prensa para enfrentar una
situación real de combate, también significa una
renuncia a su libertad personal de movimiento debido a
la necesaria protección de las fuerzas armadas. [4]
Si las experiencias de
la guerra de Vietnam, de las Malvinas con los ingleses,
de Granada y de Panamá enseñó a Estados Unidos a
mantener a la prensa tan lejos como sea posible de las
actividades militares y colocarle la mayor cantidad de
restricciones [5], ¿por qué
finalmente toleró a los periodistas al lado del ejército
estadounidense? La principal razón es que de cualquier
manera, los medios de comunicación de otros países
europeos, asiáticos y latinoamericanos enviarían a sus
propios corresponsales. Por lo tanto, una censura total
de la información como se intentó en los casos señalados
iba a ser imposible en la guerra con Irak.
Renuncia a la independencia
El apoyo de la opinión pública
nacional sigue siendo necesario para ganar un conflicto
armado. Y esto se refleja en la cobertura de la prensa
en la reciente guerra de la coalición Estados
Unidos-Gran Bretaña contra Irak.
Prácticamente observamos cómo
una guerra se transformaba en dos, una para la audiencia
estadounidense y otra para los telespectadores del mundo
árabe.
La Casa Blanca conoce muy bien
el poder de las grandes cadenas informativas televisivas
y la influencia que puede tener en la opinión pública.
Por eso se dedicó, mucho antes de que se iniciara la
guerra, a entrenarse en el modo en que los periodistas
iban a transmitir la información bélica. La mirada
estaba puesta en los doce grupos más poderosos de las
comunicaciones: Disney Capital Cities-ABC; TimeWarner,
News Corporation, CBS Inc., Viacom entre otros [6].
Es que Washington sabe que entre un 70% y 80% de la
población consume principalmente las noticias de las
cadenas informativas MSNBC, CNN, Fox News [7].
En las grandes cadenas
televisivas el espacio para la crítica prácticamente
desapareció durante el conflicto. Tal vez el mejor
ejemplo fue el intempestivo despido del reputado
periodista, ganador del premio Pulitzer, Peter Arnett,
de la NBC News y MSNBC por dar una entrevista “de
naturaleza analítica” a la televisión iraquí. En
dicha conversación, Arnett manifestó que las fuerzas
estadounidenses se estaban llevando “sorpresas” en
su avance hacia Bagdad y que no esperaron tanta
resistencia por parte de los iraquíes.
Otra víctima de la
intolerancia de las cadenas televisivas fue Geraldo
Rivera de la Fox News, quien transmitió un informe con
los dibujos en la arena de las posiciones de las tropas
estadounidenses. Para el vocero del Pentágono, Byran
Whitman: “Rivera había incurrido en una grave falta
al reglamento de seguridad, aunque no estaba integrado a
las tropas estadounidenses” [8]
Estos son los casos más conocidos, pero no son los únicos.
Los periodistas de los medios de comunicación
estadounidense sufrieron una ola de suspensiones,
llamadas de atención y hasta despidos por tener
posiciones antibelicistas [9].
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