Web Universidad de Lima
 
 
 
 
Por: Fabián Vallas* Página 1 de 7
 
 

A inicios del siglo XXI, ya casi nadie puede pregonar que los medios de comunicación son simples espejos que reflejan la realidad, encargados de transmitir información lo más fidedignamente posible acerca de lo que sucede en un conflicto armado. Hoy, por el contrario, se acepta con abierta honestidad académica que los medios de comunicación usualmente asumen una posición que ayuda a alimentar el conflicto o, por el contrario, a bajar la tensión cuando se brinda una cobertura que va más allá del campo de batalla.

Esto ocurre cuando estamos en una de las partes involucradas de la disputa. Por lo general, la veracidad, la distancia crítica, la honestidad al informar, como se dice comúnmente, son las primeras víctimas de la guerra. Aquellos periodistas que asumen una distancia crítica para informar acerca de cómo se lleva la guerra son acusados de cobardes, traidores, antipatriotas [1].

Es que cuando tenemos emociones, simpatías, intereses económicos, nacionales o de Estado enraizados en una de las facciones del conflicto, atizar un conflicto armado parece una posición más fácil que contribuir a una posible solución. Finalmente, hasta la denominada prensa libre de los países democráticos parece caer en el juego de generar miedos, odios, sentimientos de venganza en su opinión pública a través de una calculada desinformación en una natural alianza entre gobierno-fuerzas armadas y dueños de medios de comunicación.

¿Cómo podemos entender que la prensa pierda una honesta distancia crítica con respecto a la cobertura de un conflicto armado?

A inicios del siglo XIX, tal vez el máximo pensador militar de la historia, el prusiano Karl Von Clausewitz alertó acerca de la necesidad de establecer una alianza armónica entre “el ejército”, “el gobierno” y “el pueblo” en un conflicto armado en su famoso libro, “De la Guerra”.

En esta “trinidad”, “el pueblo” aportaba el elemento pasional de la guerra, ya sea odio, pasión religiosa, étnica o nacional. Mientras que “el gobierno” aportaba el cálculo racional, la inteligencia del Estado personificado, el dominio de la inteligencia pura para decidir a la guerra o no. Por último, el “ejército” es el instrumento ejecutor de la decisión política. Si cae el apoyo de uno de los tres estamentos, entonces, se corre el riesgo de perder la guerra [2].

Antecedentes

Tal vez el ejemplo histórico más notorio fue el de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam, donde la guerra se comenzó a perder en casa, antes que en el campo de batalla. En los primeros años de dicho conflicto, las dos terceras partes de la opinión pública estadounidense mostraba su apoyo. En 1968, cuando se mostraron las devastadoras imágenes televisivas de la ofensiva de las fuerzas del Vietcong del Tet, la opinión pública se puso mayoritariamente en contra del conflicto armado. Se comenzó a reclamar la salida de “los muchachos” de los pantanos del sureste asiático, mientras aparecía un efervescente movimiento pacifista.

Uno de los casos históricos más ejemplares acerca del papel de la prensa en la tarea de mantener la trinidad entre ejército-gobierno y pueblo fue de la guerra entre Estados Unidos y España a finales del siglo XIX . El diario New York Journal del considerado padre de la prensa amarilla, William Randolph Hearst, halló en este conflicto armado la forma de vender más diarios con noticias acerca de violación de mujeres, fusilamientos colectivos. Por último, cuando el diario amarillo responsabilizó a los españoles del hundimiento del Maine, se consolidó una opinión pública a favor de la guerra contra España. Coincidentemente, los gobiernos en Washington necesitaban un argumento para expulsar definitivamente a las potencias europeas de las Américas al aplicar la doctrina de Monroe de “América para los americanos” en Cuba.

Décadas más tarde, se formó una burocracia encargada de elaborar propaganda bélica con el fin de mantener el apoyo nacional durante la Primera y Segunda Guerra Mundial.


Página 1 2 3 4 5 6 7

Regresar a los artículos

Descargar versión imprimible del artículo PDF