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La idea del presente artículo
es, en primer lugar, difundir los postulados de la
mencionada Declaración de Chapultepec y promover su
examen y asimilación. En segundo lugar, invitar al
lector a reflexionar sobre si este conjunto de
principios puede ser entendido y compartido por los jóvenes
comunicadores, o si por el contrario dicha propuesta ética
les resulta bastante indiferente y por qué. En tercer
lugar, evaluar si los periodistas de la televisión
tomada hicieron suyos estos principios o los canjearon
por ventajas laborales y económicas, las cuales aunque
son siempre esquivas, parecen serlo más en el actual
mundo competitivo.
Inevitablemente, aunque no es
el propósito principal del artículo, este incide en
algunas reflexiones especialmente dirigidas a los
estudiantes y a los periodistas más jóvenes. Quizás
por la grave situación en que nos encontramos, debo
admitir que hoy por hoy he cedido al uso de este tono
discursivo.
Principio 1
“No hay personas ni
sociedades libres sin libertad de expresión y de
prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de
las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo”
Este principio está redactado
como un postulado filosófico-jurídico. Afirma axiomáticamente
que la libertad de expresión y de prensa son derechos
universales, naturales e inalienables, tanto de los
individuos, como de ellos en cuanto miembros de una
sociedad. Sin estas libertades, ni la persona ni la
sociedad es libre.
Puede asegurarse que los jóvenes
de hoy comparten el postulado ideológico leído. No se
necesita ser profesor para observar que los jóvenes son
los mejores amigos de las libertades. Y, más
concretamente, de la libertad de expresión. Sin
embargo, parecería recomendable que conocieran más el
sustento de esta libertad clave para su desarrollo
profesional. Ayudaría para ello incidir más y mejor
sobre la fundamentación histórica, política y jurídica
de la libertad y el derecho mencionados.
En este momento hay alrededor
de diez mil jóvenes estudiando comunicaciones en el Perú.
Gran parte del periodismo que hoy tenemos y sin duda el
que tendremos mañana será confeccionado por estos jóvenes.
Por eso, no basta crean o simpaticen naturalmente con la
libertad de expresión. Es necesario que su convicción
nazca y se arraigue en el conocimiento de la materia.
A partir de la reconstrucción
democrática vivimos un momento especialmente propicio
para promover este conocimiento entre los estudiantes,
pues luego de vivir el letargo político-ideológico de
los noventa, los jóvenes vienen experimentando la toma
de conciencia. Sin esta actitud militante de los jóvenes,
sin sus aportes artísticos, creativos, en suma
expresivos para reclamar en las calles contra el fin del
“fujimorato”, difícilmente se habría llegado a
esta primavera democrática.
Principio 2
“Toda persona tiene el
derecho a buscar y recibir información, expresar
opiniones y divulgarlas libremente. Nadie puede
restringir o negar estos derechos”.
Este principio reconoce en
concreto el derecho de cada individuo a la libertad de
información, opinión y difusión. Se precisa que el
ejercicio de esta libertad es dual: por un lado tiene
que ver con la información (libertad para recoger datos
sobre diversos hechos y libertad para recibir los datos
recogidos por otros); por otro, con la opinión
(libertad para juzgar los hechos conocidos directa o
indirectamente, es decir, libertad para dar el propio
punto de vista).
¿Informar y opinar libremente
forman parte del ejercicio periodístico cotidiano de
los jóvenes principiantes en la profesión? A veces no,
bien porque ellos mismos renuncian a luchar por estos
derechos, o porque la estructura de las organizaciones
empresariales y laborales ahogan sus impulsos de
libertad.
Habría que fomentar que la mayoría de jóvenes
periodistas se proponga crear en la empresa en que
trabaja, un espacio propio y personal para el ejercicio
de su libertad informativa y expresiva profesional, y
defenderlo contra viento y marea.
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