Por: Alfonso Gumucio Dagron

 

El aporte de América Latina como región pionera en la comunicación para el desarrollo y como pionera en la generación tanto de prácticas concretas como de pensamiento crítico, es significativo. Tenemos pensamiento crítico sobre la comunicación para el cambio social (CCS) y para la comunicación desde el desarrollo, desde la perspectiva de participación; esa es nuestra ventaja notable.

Hemos puesto en práctica experiencias interesantísimas en niveles locales, nacionales y regionales, y hemos probado que una comunicación cuyo eje es la participación ciudadana o comunitaria, una comunicación verdaderamente participativa, basada en el diálogo, garantiza un desarrollo social apropiado y sostenible. Utilizo el término “apropiado” de manera deliberada, no como “adecuado” sino como el resultado de un proceso de apropiación social. Y digo “sostenible” pensando en todas aquellas experiencias que ahora pueden prescindir de insumos externos, y que se desarrollan con la fuerza propia de sus actores sociales.

Hay muchos retos hacia el futuro, pero quiero referirme solamente a tres: el reto de nombrar las cosas, el reto de continuar desarrollando el campo como disciplina y, finalmente, el reto de legitimar la CCS entre las grandes agencias que toman las decisiones del desarrollo.

   
 

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