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La animación y la música han sufrido
generalmente un alto grado de olvido por parte de muchos,
representando ambas manifestaciones un papel en nuestra
sociedad como artes infravaloradas y excluidas, y que
normalmente incluimos en el amplio big bang
del hobby personal, cuando algunos no encuentran la
materia de estudio donde instalar dichas disciplinas. Sin
embargo, estas “aficiones” para algunos inexpertos, sistemas
de producción cultural, social, económico y artístico, para
otros más hábiles, en definitiva, una profesión, son objetos
de estudio y de investigación necesarios para la comunidad
científica y evidentemente para el desarrollo óptimo de
cualquier sociedad. Por ello, existe la necesidad urgente de
unión de estos dos campos artísticos, recopilando una
información dispersa y en muchos momentos ilusoria, que nos
lleva a entender cómo se configura y estructura la banda
sonora de una obra audiovisual animada. El conocimiento de
estas dos artes, disciplinas profesionales y expresiones
sociales en conjunto se está viendo relegado a breves
artículos, reseñas y bibliografía escasa, donde sus métodos
y objetivos no quedan expuestos.
La animación y la música fabricada para las obras de
animación son parte de la amalgama de productos
audiovisuales en su creación y difusión. Herramientas que
configuran el sector de la producción audiovisual y en el
caso de la música y de la banda sonora, instrumentos que
pueden suponer un tanto por ciento muy elevado de éxito o
fracaso de cualquier serie, largometraje o cortometraje,
fundamentalmente si el destinatario es un target infantil[1].
Las herramientas de trabajo en animación y los distintos
elementos del proceso de creación de una obra varían según
la técnica utilizada pero hay un componente común para
aproximadamente el noventa por ciento de las animaciones: el
elemento musical. Y se habla de un noventa por ciento,
puesto que se otorga un margen del diez por ciento a las
animaciones que no conllevan ningún tipo de elemento sonoro,
aunque por otro lado podemos afirmar que este pequeño
porcentaje deriva en ciertas animaciones experimentales y
normalmente dirigidas a un target adulto. La música en la
animación para infantes se torna primordial como atrayente
sensorial para este tipo de público, además de otras
variables que quedan argumentadas en este proyecto de
investigación, como bien pueden ser la identificación y
relación de una animación a través de la música y banda
sonora, tanto de cabeceras como de cierres de episodios,
largometrajes o cualquier otro formato que permita el
desarrollo de la animación. La música, por lo tanto, es uno
de los elementos que ha supuesto y supone un punto de
inflexión en el desarrollo de cualquier animación y que
condiciona el resultado final de la imagen.
Es habitual encontrar en el sector del cine de animación la
máxima que apunta, “existen tantas técnicas de animación
como objetos existan”. Dichos objetos se pueden manipular
para producir en ellos movimiento. Pero acotando más aún
esta definición y centrándola en el plan de trabajo de
nuestros realizadores nacionales, podemos establecer una
sucinta clasificación de procedimientos o técnicas de
animación desarrolladas, comenzando con la más tratada hasta
el momento, el dibujo animado, seguido de la animación de
plastilina, muñecos articulados de madera –marionetas- y
otros materiales, los recortables o colages, las
composiciones trazadas con arena de playa -usualmente de
carácter poético- dibujos pintados, rayados y manipulados
directamente sobre el celuloide o la película, la pixilación
y animación de objetos, animación de personas, imagen real
interactuada con dibujo animado, el fotomontaje, escaneado
de personas, óleo sobre cristal, animación de sólidos,
animación de verduras, hortalizas... hasta la animación por
ordenador.
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